jueves, 31 de marzo de 2016

EL LESHII



Leshii. Ilustración de Ivan Bilibin, 1906

After a candle blows out, the narrator turns on the light only to be left alone with a "subtle scent in the room, of birch, of humid moss... [1]


El leshii es el protector de los bosques y las bestias salvajes de la mitología eslava. Su apariencia y modus operandi recuerdan al hombre salvaje, a medio camino entre el antiguo paganismo y la religión cristiana. Es muy usual encontrar ejemplares repartidos por toda la geografía europea, y no hace falta alejarnos mucho de la Península Ibérica para encontrarlos, pues en la tradición popular de Asturias, Cantabria o País Vasco el busgosu, el basajaun y la basandere protegen fielmente los bosques. Volviendo a la Europa oriental, la figura del leshii se encuentra repartida por un amplio número de territorios: Rusia, República Checa, Ucrania, Polonia, Lituania, Eslovaquia, Serbia… y dependiendo de la zona, los testimonios de los campesinos variarán algunos rasgos de su físico y su carácter. 

El leshii, espíritu del bosque y demonio 

Leshii deriva de les --> bosque. El leshii es considerado como el señor protector de los bosques y la fauna salvaje. Su figura encarna la dualidad propia de la naturaleza y el sincretismo entre el paganismo eslavo y el cristianismo.

La mitología eslava tiene una fuerte conexión con la naturaleza, en especial con los árboles. Sus paisajes están habitados por espíritus protectores que los guardan, mayormente hostiles respecto al ser humano. Con la llegada del cristianismo la creencia en estos seres se mantuvo con algunas modificaciones y añadidos. En el caso particular de la figura del leshii, adoptó rasgos propios del diablo cristiano, llegando a conocérsele como el demonio del bosque. El profundo respeto de los eslavos por sus bosques se transformó en terror en muchas ocasiones, pues no sólo debían hacer frente a los peligros reales de estos espacios sino también a los sobrenaturales.

El bosque, como ocurre en muchas mitologías, es un lugar peligroso y actúa como paradigma de otredad. Los eslavos conocerán a este mundo ajeno como chuzoi, en contraposición al espacio conocido, el nuestro, denominado suoi. El bosque eslavo es además un lugar de muerte pues se piensa que en él moran aquellas almas que no han encontrado descanso, tanto es así que, hasta el siglo XIX, se siguieron enterrando a suicidas y niños sin bautizar dentro de sus lindes.


¿Cómo se describe el leshii?

I looked, and bears, and with them wolves, foxes, hares, squirrels, elk, goats - in a word every sort of forest life and each in his own group, not mixing with the others, thronged out of the forest and past me and the horses not even looking at us; and behind the beasts with his knout over his shoulder and horn in his hands was “he himself”, and he was the size of a large belltower[2].

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de hablar sobre el aspecto del leshii es su capacidad de metamorfosis. Como señor del bosque puede transformarse a voluntad en cualquier elemento que componga sus dominios, desde árboles, animales salvajes como lobos, liebres o pájaros, animales domesticados como caballos, gallos o cochinillos, hasta pequeños hongos. De igual modo puede cambiar de tamaño, siendo tan alto como los árboles o tan pequeño como una brizna de hierba. Su capacidad de mimetizarse con el medio le permitía comunicarse con cada ser vivo del bosque, así como ocultarse de sus víctimas.

Su representación antropomórfica se asemeja a la de un campesino pero puede metamorfosearse en cualquier persona familiar para su víctima con la intención de atraerla hacia lo profundo del bosque. Aun así siempre habrá algún detalle que lo delate, como llevar la solapa de la chaqueta o los zapatos del revés, unos ojos grandes y muy brillantes o no proyectar su sombra.

Como se observa, no hay una única descripción física del leshii, el cual puede aparecer como un ser humano, puede ir vestido de blanco con una expresión terrorífica, tomar la apariencia de un árbol o de un animal o presentarse con los rasgos añadidos de un demonio, como alas, abundante pelaje negro, pezuñas de carnero, rabo o cuernos (que serían dorados en el caso del leshii zar). También se le describe portando una gran porra que simboliza su soberanía sobre los animales salvajes.

Jacques Brosse, en su Mythologie des Arbres, dice que tiene un aspecto antropomórfico, con la piel y la sangre azules, ojos exorbitados y cejas tupidas, cuerpo robusto cubierto de pelo y unas largas y abundantes cabellera y barba de color verde.


¿Cuál es su carácter? 

A diferencia de otros señores de los bosques, el leshii es muy hostil con los humanos. No le gusta que extraños recorran sus dominios sin respetarlos; Algunas de las acciones que pueden hacer despertar su ira son: dañar deliberadamente a las plantas ni los animales que habitan el bosque, perturbar la tranquilidad del bosque con gritos y silbidos o cazar en festividades determinantes del calendario cristiano, entre muchas otras. 

La especialidad del leshii es su capacidad de modificar el espacio, haciendo desorientarse al campesino osado que quedará atrapado en el bosque, morirá ahogado en un lago o despeñado por un barranco. Puede oírsele aullar, reírse a carcajadas, rugir, dar fuertes palmadas o silbar tan fuerte como el viento[3]. También será conocido como un demonio captador de almas que secuestrará niños y bebés sin bautizar.

Según algunas interpretaciones, los espíritus del bosque hibernarán durante el otoño, época en la que abandonarán los árboles y entrarán en un estado colérico que les hará correr por los bosques soltando aullidos y fuertes sollozos.


¿Cómo y dónde vive? 

Como no podía ser de otra manera, en lo profundo del bosque se encuentra la morada del leshii pero, al contrario de lo que se pueda pensar en relación a su carácter, no es una criatura solitaria pues vive de modo similar a los campesinos. Si un humano es llevado a la morada del leshii y logra escapar, nunca podrá volver a encontrarla.

Puede formar una familia con su cónyuge, la leshachikha, hijos e incluso con los abuelos. La familia del señor del bosque se alojaría en una cabaña, con perros guardianes e incluso ganado.

Normalmente se asocia un único leshii para cada bosque mas hay teorías que apuntan a una jerarquía de espíritus en las grandes masas boscosas, regidos por un leshii tsar[4].


Protecciones contra el señor del bosque 

El leshii es muy hostil con los seres humanos, es por ello que este temor y la necesidad de explotar el bosque para sus quehaceres, obligan a los campesinos a protegerse contra la ira de este espíritu. Es en este punto donde se puede observar la dualidad entre las viejas supersticiones paganas (como ponerse las cosas del revés) y el cristianismo. A continuación se recogen algunas de las protecciones más usuales que se deben llevar a cabo en un encuentro con el leshii:
  • Hacer la señal de la cruz.
  • Pronunciar alguna oración o frase mágica à “Come yesterday” o “Sheep’s mug, sheep’s wod[5]
  • Ponerse la ropa y los zapatos del revés y salir del bosque sobre nuestros pasos.
  • Hacerle reír repitiendo obscenidades.
  • Hacer círculos mágicos de fuego.
  • Disparándole un botón de bronce.
  • Si un campesino se pierde con su carro en el bosque, debe desenganchar y volver a enganchar el caballo del carro, así como los arreos y el collar, y salir marcha atrás de la foresta.
  • No entrar en el bosque el 4 de octubre pues es el primer día de la hibernación. En este día los espíritus del bosque se enzarzan en cruentas escaramuzas, arrancando árboles desde las raíces y persiguiendo a los animales salvajes.
    Pero no todas las relaciones entre los campesinos y el leshii tienen este carácter protector, pues también se han recogido evidencias de ofrendas para ganarse sus favores. Linda J. Ivantis cuenta en su Russian Folk Belief el caso de un campesino que se ganó el favor del leshii del bosque de St. John’s Eve a través de la representación de una curiosa escena.  Primero se derriba un álamo, después se apoya sobre el tocón con la punta mirando hacia el Este y se inclina sobre sus piernas invocándolo a través de las siguientes palabras: «not as a gray Wolf, not as a black raven, not as a flaming fir tree[6]».

Elisabeth Warner, en su breve tratado sobre Mitos Rusos, también recoge el ofrecimiento de presentes para poder trabajar seguros en el bosque. Estas ofrendas se dejarían en las encrucijadas de la foresta y consistirían en un huevo teñido de rojo o una rebanada de pan con sal.


Leshachikha, la señora del bosque 

Como se ha apuntado en líneas anteriores, el leshii podía formar una familia con esposa, hijos e incluso padres, pues bien, en este punto trataremos de describir a su consorte, la leshachikha. Esta señora del bosque ocupó un importante papel en la tradición popular eslava, llegando incluso a relacionarla, en ocasiones, con la famosa Baba Yaga de los cuentos[7].

Al igual que ocurría con el leshii, la descripción de su esposa no se limita a un solo patrón sino que podemos encontrar variaciones: una imagen horrible, de una criatura fea de grandes pechos; una muchacha desnuda deambulando por el bosque; o vestida de blanco con un sarafan[8] ricamente decorado.

En cuanto a los encuentros con ella, un testimonio de la región de Smolensk cuenta que si alguien se encuentra con la leshachikha en pleno parto debe lanzar algo por encima del bebé recién nacido, sin santiguarse ni pronunciar ningún rezo, y justo después salir corriendo de allí. Tras esto, la leshachikha lo perseguirá para demandarle si quiere dinero o una buena vida. Ante esta situación hay que saber elegir bien la respuesta pues, si el campesino elige el oro, al salir de los límites del bosque éste se transformará en negro carbón, quedando sin nada. Si por el contrario no pide nada a la señora del bosque, todos los esfuerzos del campesino tendrán asegurados el éxito.



BIBLIOGRAFÍA 

- BONNEFOY, Yves. Diccionario de mitologías; edición de Carlota Casas Baró. Barcelona: Blacklist, 2010.
- BROSSE, Jacques. Mythologie des arbres. París: Editions Payot & Rivages, 2001. 
- DIEZ DE VELASCO, Francisco. Introducción al estudio de las religiones. Madrid, 2002. Disponible aquí.
- ELIADE, Mircea. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Volumen III: De Mahoma a la era de las reformas. Barcelona, Buenos Aires, México: Paidós, 1999.
- J. IVANTIS, Linda. Russian Folk Belief. New York: M. E. Sharpe Inc., 1992. Disponible parcialmente en Google Books 
- R. S. RALSTON, William. Russian Folk-tales. London: Smith, Elder & CO., 1873. Disponible en Google Books 
- WALSH, Harry. “Christian-pagan syncretism in Russian “ruralist” prose” en Religion & Literature. Vol. 27 nº2, 1995. pp. 69-86. Disponible aquí. 
- WARNER, Elisabeth. Mitos Rusos. Traducción de Marta Sánchez-Eguíbar. Madrid: Akal, 2005. Disponible parcialmente en Google Books.
- ZOCHIOS, Stamatis. “Baba Yaga, les sorcières et les démons ambigus de l’Europe orientale” en Revue Sciences/Lettres (en línea), 4, publicado el 5 marzo de 2016. Disponible aquí.



NOTAS
[1] «Cuando la vela se apagó, el narrador encendió la luz quedando solo en el cuarto con un olor a abedul, a musgo húmedo…» Extracto de Nezhit (The Wood- Sprite) cuento de Vladimir Nabokov publicada en 1921 donde se relata un encuentro con el leshii, el cual ha sido exiliado a causa de la destrucción de sus dominios. 
[2] «Vi osos, y junto a ellos lobos, zorros, liebres, ardillas, alces, cabras – en una palabra, cada ser vivo del bosque y su grupo, no mezclados con otros, la multitud salió del bosque y nos pasaron a mí y a mis caballos sin mirarnos; y detrás de las bestias con la porra sobre su hombro y el cuerno entre sus manos estaba él mismo (leshii), y era del mismo tamaño que un campanario.» Testimonio de una anciana de la región de Kaluga recogida en J. IVANTIS, Linda. Russian Folk Belief. New York: M. E. Sharpe Inc., 1992. p. 65. 
[3] Se creía que bailaba con su esposa en el interior de un torbellino, el cual atrapaba a las víctimas y las movía de lugar. 
[4] Un zar. 
[5] Ibidem. p. 67. 
[6] «no como un lobo gris, no como un cuervo negro, no como un abeto llameante» Ibidem. 
[7] ZOCHIOS, Stamatis. “Baba Yaga, les sorcières et les démons ambigus de l’Europe orientale” en Revue Sciences/Lettres (en línea), 4, publicado el 5 marzo de 2016. p. 7. 
[8] Traje tradicional femenino de las regiones del norte de Rusia. Es propio del ámbito campesino y se colocaba como un sayo encima de una camiseta.

viernes, 22 de enero de 2016

RECOMENDACIONES FORESTALES VI. ENERO: ARBOL APP



Comenzamos el año con nuestra primera recomendación forestal En esta ocasión hemos elegido una aplicación muy útil e interesante para cualquier amante del reino vegetal: ARBOLAPP.


 
FICHA

-         Nombre: ARBOLAPP
-         Creada por: Real Jardín Botánico (CSIC)
-         Precio: gratuita
-         ¿Dónde encontrarla? Google Play / APP Store
-         Página web: http://www.arbolapp.es/inicio


¿En qué consiste esta aplicación?
ARBOLAPP se presenta como una herramienta muy útil para la identificación de especies vegetales de la Península Ibérica, Baleares, Andorra y Portugal continental. En su base de datos hay recogidas unas 118 especies, tanto autóctonas como no autóctonas, cada una con su ficha técnica, sus fotografías correspondientes y una cita literaria.

¿Es necesario tener conocimientos previos de botánica?
No necesariamente, pues las especies recogidas aparecen  tanto por su nombre científico como por su denominación popular, resultando útil y asequible a cualquier persona que quiera usarla. Funciona además sin necesidad de Internet por lo que podréis consultarla in situ en plena naturaleza.



jueves, 12 de noviembre de 2015

RECOMENDACIONES FORESTALES V. NOVIEMBRE: EL HAYEDO DE TEJERA NEGRA



Hayedo de Tejera Negra. Fotografía de Valentín Triviño. Otoño 2015



- Nombre: Hayedo de Tejera Negra.

- Localización: Cantalojas, Guadalajara.

- Tipo de vegetación: hayedo y robledal.

- Mejor época para visitarlo: octubre y noviembre.

- Reserva: SI. Podéis consultar la disponibilidad de días aquí.





Para el mes de noviembre hemos elegido una recomendación viajera. No hay mejor época que el otoño para disfrutar de los bosques, es por ello que nuestro destino elegido es el Hayedo de Tejera Negra, en la provincia de Guadalajara.


¿Dónde se encuentra?

Al noroeste de la provincia de Guadalajara, al este del macizo de Ayllón, en el Sistema Central.


¿Cuál es su fauna y su flora? 


Hongos. Hayedo de Tejera Negra. Fotografía de Valentín Triviño. Otoño 2015
La flora está compuesta por variadas especies arbóreas, destacando con mayor presencia el pino (especie para repoblar el bosque), el roble melojo y el haya, aunque también podemos encontrar tejos, serbales, arces, mostajos y olmos de montaña. En las zonas más cercanas a las praderas también encontramos arbustos como el brezo y la retama.


En cuanto a la fauna, está compuesta por una amplia variedad de aves, tanto pequeñas, como el petirrojo o el mirlo, como nocturnas – búhos- o aves rapaces como el águila culebrera. También forman parte de este hábitat pequeños reptiles, como el lagarto verdinegro, y mamíferos como ardillas, jabalíes – de los que veremos su marca en la tierra levantada para buscar raíces y pequeños insectos -, corzos, garduñas o nutrias.


Y cómo olvidarnos de los hongos. El microclima húmedo favorece su crecimiento, encontrando especies comestibles como el Boletus Edulis y la peligrosa Amanita Muscaria.


¿Qué actividades podemos realizar?

Para disfrutar de este bello enclave tenemos las opciones de realizar dos rutas: 


- Senda de Carretas: es la más corta y quizás la más atractiva. A través de un recorrido circular de 6 km por el bosque, iremos descubriendo pequeños rincones mágicos entre hayas, pinos y robles, alcanzando la pradera de Matarredonda donde podremos disfrutar de una amplia panorámica del valle.


- Senda del Robledal: este recorrido es mucho más largo, 17 km., pues parte desde el centro de interpretación, situado a unos 8 km. del aparcamiento habilitado. A diferencia de la primera ruta, en esta no iremos atravesando el bosque sino recorriendo panorámicas del paisaje que encuadra al famoso hayedo: pastizales, praderas y monte bajo.


- Senda del río Zarzas: y si lo vuestro son las rutas en bicicleta este es vuestro camino. Es el más largo de los tres, 21 km., y comparte recorrido con la Senda del Robledal.


            Podéis consultar el mapa de las rutas disponibles aquí.



Además de disfrutar de la Naturaleza haciendo senderismo, ni que decir queda que este hayedo hará las maravillas de cualquier fotógrafo.



¿Por qué recomendamos visitar este bosque? ¿Cuáles son sus atractivos?


Tejo. Hayedo de Tejera Negra. Fotografía de Valentin Triviño. Otoño 2009
En primer lugar, hay que destacar que la importancia de este hayedo reside en lo curioso de su localización ya que esta especie arbórea es típica de climas más húmedos. En nuestro país el mayor porcentaje de hayedos se concentra en el norte penínsular.


El cambio de color de la hoja del haya es muy atrayente, pues tiñe las copas del bosque de vistosos colores. Rojo, ocre y amarillo dotan al hayedo otoñal de un aura casi mágico. Esto, junto al verde vivo del musgo y la palidez de los líquenes que cubren los troncos de los robles forman un paraje idílico. Es por ello que la mejor época para visitarlo son los meses de octubre y noviembre, cuando aún ni las hayas ni los robles se han despojado de todas sus hojas. 


Ya hemos apuntado que las principales especies vegetales son el haya, el roble y el pino pero hay un anciano ejemplar de tejo que  resalta entre la desnudez de los troncos. Este ejemplar caducifolio resiste con su profundo verde al hastío otoñal.


La humedad hace brotar millares de hongos, pudiendo encontrar ejemplos de Amanita Muscaria y del conocido Boletus Edulis, entre muchos otros.


La fauna es otro de los atractivos de este paraje, compuesta por aves, pequeños reptiles y mamíferos. Como es habitual, verlos será una tarea complicada pero si vamos atentos a los detalles podremos ver y oír pistas de su presencia.


Y por último, y no menos importante, es muy destacable la reproducción de una carbonera en mitad de la Senda de Carretas, llamada así por los carromatos que bajaban al pueblo cargando el carbón que se producía en el bosque.

Carbonera. Hayedo de Tejera Negra. Fotografía de Valentín Triviño. Otoño 2015