martes, 1 de noviembre de 2016

BAJO EL INFLUJO DE LA LUNA: EL BOSQUE Y LA BRUJA


"Already have the feeling we might have to invoke some spirits", foto de Steven Meisel


«HALE: ¿Alguien te hace mal, niña? No tiene por qué ser mujer — ¿sabes?—, ni hombre. Tal vez viene a ti un pájaro que es invisible para los demás...; tal vez un cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera. ¿Hay alguna aparición que te incita a volar? (La niña permanece inerte. En silencio él vuelve a depositarla sobre la almohada. Ahora, extendiendo las manos hacia ella, entona): In nomine Domine Sabaoth sui filique ite ad infernos. (Ella no se mueve. Él encara a Abigail, entrecerrando los ojos): Abigail, ¿qué era lo que bailabas con ella en el bosque?
ABIGAIL: Bailes… Nada más.
PARRIS: Creo que yo debería decir que… que vi una marmita sobre la hierba, en donde estaban bailando.
ABIGAIL: Si eso no era más que sopa.
HALE: ¿Qué clase de sopa había en esa marmita, Abigail? 
ABIGAIL: Nada… sopa… y lentejas, creo, y…
HALE: Señor Parris, ¿usted no vio nada vivo en esa olla? ¿Un ratón, por casualidad, una araña, un sapo…?
PARRIS (temeroso): Yo… bueno… creo que algo se movía…[1]»      
  
Muchas son las historias de terror que se cuentan esta noche. Bajo las luces tenues, incontables paisajes aparecen como encuadre de criaturas temibles y fantasmagóricas. El bosque, como bien sabéis, es uno de los lugares más ligados al género de terror: bestias, demonios, asesinos, monstruos y brujas habitan escondidos en sus entrañas, apartados del mundo y cuidando celosamente sus dominios. Y es que, como no podía ser menos, esta noche queremos pedir permiso a las brujas para entrar en su bosque, en esa espesura que, en muchas ocasiones, se entiende como una verdadera extensión de sí mismas.

Una breve introducción a la figura de la bruja
El bosque y la bruja son dos entidades casi inseparables. En la actualidad, muchas de las brujas que conocemos, tanto dentro de la mitología, la literatura y el folklore, son figuras muy transformadas que, con el tiempo, marcaron huella en el imaginario colectivo como seres asociados al mal, pero, ¿esto ha sido siempre así?
Lady Gaga como la bruja del bosque en "My Roanoke Nightmare", 6ª temporada de American Horror Story
Si acudimos a Vladimir Propp y su obra Las raíces históricas del cuento, apunta que la maga o la bruja de la literatura infantil, es una derivación de las antiguas entidades femeninas asociadas a la fertilidad y que se presentaban como protectoras de las bestias salvajes. Y es que esta definición no se aleja de la realidad de esta figura. Estas entidades primigenias tenían la capacidad de comunicarse con los animales, de reconocer y usar las diversas especies vegetales que componían el bosque, de predecir el tiempo… La bruja inserta en nuestro imaginario es digna heredera de estos saberes y capacidades, reflejados de manera fidedigna en la composición de brebajes y hechizos, así como en su capacidad de metamorfosis y la compañía inseparable de algunos animales guía como el gato, la rata o el sapo.
Tras los procesos de cristianización, las brujas se convirtieron en seguidoras del diablo, comenzando un proceso alimentado por la misoginia que convertía a las mujeres en el foco del pecado. Persecuciones y denuncias marcaron la Edad Moderna tanto europea como americana, dejando marcados por brujería muchos enclaves geográficos. 
Estas figuras fueron temidas durante siglos gracias a la fuerte creencia en ellas y en sus habilidades para cambiar el rumbo de las vidas de sus congéneres, aunque nunca las hubiesen visto – “haberlas, hailas” –. Esta imagen cambiará con la llegada de los siglos XX - XXI, cuando el cine muestre un amplio abanico, desde la bruja más dulce hasta la más satánica. De igual modo, aparecerán nuevas religiones donde se mezclan elementos del viejo paganismo, muy influidas por la naturaleza, como la Wicca, que seguirán acudiendo al bosque a realizar sus rituales.

El refugio de la bruja: En las entrañas del bosque.
Cuando pensamos en la figura de la bruja, casi instantáneamente la localizamos en una cabaña o cueva en lo profundo del bosque. Además de sus orígenes, la elección de situar a la bruja en lugares aislados no es una casualidad: montañas, páramos, bosques… son paisajes de lo indómito donde la civilización no ha dejado su impronta. La bruja literaria, aquella que forma parte del imaginario del terror, se encuentra al margen de las normas sociales, es por ello que estos paisajes, y en concreto el bosque, es una de sus moradas predilectas.
Antes de la cristianización de Europa, muchos eran los pueblos que realizaban sus ritos dentro de los límites del bosque. Estos espacios se concebían como lugares sagrados donde se llevaban a cabo libaciones, ofrendas, bailes rituales y sacrificios, incluso de sangre. La diabolización de estas prácticas justifica, en parte, el por qué estos paisajes se prestan a albergar la brujería. Como hemos explicado en otras ocasiones, tanto las prácticas rituales como los seres mitológicos que poblaban estas arboledas se vieron transformados tras los procesos de cristianización. Hadas, sátiros, faunos y divinidades se convirtieron en brujas, íncubos, súcubos y demonios, los cuales alimentaron la leyenda negra del bosque y afianzaron su imagen de locus horridus.
Antes de las grandes obras literarias de terror, la primera referencia que tenemos sobre la bruja y el bosque son los cuentos infantiles. Los niños indefensos y perdidos acaban internándose en el bosque, sin rumbo, para terminar en la cabaña en sus profundidades: la bruja de Hansel y Gretel, la Baba Yaga eslava, la bruja de El encendedor de Yesca… Este personaje se presenta como una extensión de los peligros del bosque, que normalmente aparece representada como una mujer anciana, poco agraciada y cruel pero que poco o nada tenía que ver con el diablo. Sin embargo, esta figura poco a poco irá evolucionando, sobre todo con la llegada de la industria cinematográfica, más concretamente del género de terror, donde encontraremos brujas para todos los gustos y colores, como veremos al final de esta entrada: adolescentes, sensuales, luciferinas, etc.

El aquelarre[2] es una de las prácticas que más atención llaman dentro de la brujería. Esta palabra proviene del euskera – aker (macho cabrío) y larre (prado) “prado del macho cabrío” –. La RAE define esta práctica como “junta o reunión nocturna de brujos y brujas con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para sus prácticas mágicas o supersticiosas". Actualmente esta es la idea más extendida, aunque hay que tener en cuenta que no todas las reuniones de brujas o brujos tienen por qué estar relacionadas con actividades luciferinas.
Y es que el aquelarre no se realiza en un único emplazamiento; su única premisa es localizar un sitio alejado de los núcleos poblacionales: bosques, cumbres, prados, páramos o playas. El siguiente fragmento extraído de un proceso tolosano refleja esta amplia variedad de paisajes. Y el texto dice así:
«Cada noche del sábado caía en un sueño extraordinario, durante el cual la transportaban al Sabbat. Interrogada sobre el lugar en que se celebraba éste, ha contestado que ora en un lugar, ora en otro: en los ribazos de Pech-David, en el bosque de Bouconne, en medio de la llana que se extiende entre Toulouse y Montauban. Otras veces más lejos todavía, en la cima de las Montañas Negras o de los Pirineos, y en países que le eran totalmente desconocidos[3]
Y es que muchas son las actividades que documentadas dentro de los aquelarres. Como ya hemos apuntado en apartados anteriores, las antiguas divinidades del bosque ahora son vistas como entidades demoníacas, lujuriosas. Acorde a esta concepción del aquelarre, las brujas entran en conexión con las fuerzas de la Naturaleza, viven libremente su sexualidad. Kramer y Sprenger, en el famoso Malleus Maleficarum, recogen estos pasajes de la siguiente manera:
«Pero en relación con cualquier observador, a menudo se ha visto a las brujas mismas echadas de espaldas en los campos de los bosques, desnudas hasta el ombligo, y resultaba evidente, por la disposición de los miembros que corresponden al acto y orgasmo venéreos, y además por la agitación de sus piernas y muslos, que invisibles para los presentes, habían estado copulando con demonios íncubos[4]».
Pero no penséis que estos lugares quedan alejados de nuestra geografía, pues el norte peninsular aún conserva topónimos que hacen referencia a estos lugares “brujeriles”, como el bosque de Sorginaritzaga o Robledal de las Brujas, en la zona de Roncesvalles. 
                                                                                                                                                
El bosque y la bruja en la industria cinematográfica.
En los apartados anteriores hemos trabajado con ejemplos provenientes de la literatura y el folclore, mayoritariamente pero nada provoca más impacto que la magia del cine, es por eso que hemos creído necesario dedicar un apartado específico para esta temática. Sabemos que hay numerosas cintas relacionadas con este tópico, mas no podemos incluirlas todas; es por ello que hemos elegido cuatro ejemplos donde esta relación se ve reflejada de forma más directa: El Proyecto de la Bruja de Blair – al que ya dedicamos una entrada que podéis consultar aquí –, Sleepy Hollow, la serie de WGN América, Salem y la película más reciente sobre esta temática, The Witch: A New England Folktale – podéis consultar el acertado análisis que realizaron sobre ella en Licencia Histórica –.










Fotograma extraído de The Blair Witch Project. Dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick y estrenada en 1999.






- “El Proyecto de la Bruja de Blair” marcó un antes y un después en el género de terror cinematográfico, pues no se limitaba a contar una historia narrada en tercera persona, sino que eran los propios protagonistas los que narraban su angustia pegados a una videocámara. Esta narración en primera persona acentúa el terror que puede llegar a provocar el medio: un bosque oscuro que la bruja conoce, siendo ésta capaz de mimetizarse con cada uno de los elementos que conforman Black Hills Forest. La leyenda cuenta que Elly Kedward, la supuesta bruja, fue desterrada al bosque en el siglo XVIII, cuando fue acusada por unos niños de rapto y desangramiento. Elly Kedward es una bruja vengativa y muy territorial, cuya historia ha maldecido hasta las raíces de los árboles. El bosque de esta película, por tanto, es una extensión de la misma bruja, un lugar ligado a la dramática historia de esta mujer y que solo acabará cuando ésta haya desaparecido. 
A diferencia de los otros ejemplos escogidos, en esta película no vemos una imagen física de la bruja, sino que su presencia se afianza a través de sombras y ruidos, pues muchas veces atemoriza más lo que no se ve. Esta manera de presentar el peligro está muy ligada al bosque, pues ante la oscuridad que reina entre los árboles, sonidos, pasos y pequeños fulgores son las mejores señales para alertarnos de que no estamos solos.

“- Escuche.
- No oigo nada.
- Ni yo. No hay pájaros, ni grillos. Todo ha quedado en silencio”.
Curiosamente, en esta versión de Tim Burton de la mítica leyenda de Washington Irving, la bruja del bosque no es aquello a lo que hay que temer sino al árbol de los muertos. La hermana de Lady van Tassel vive apartada en una cueva dentro del bosque. Su aparición es breve pero muy relevante, pues es ella quien facilita la dirección de la tumba del jinete sin cabeza. En esta ocasión, la bruja del bosque se teme, por el hecho de serlo y por los conocimientos que posee, pero no es la razón del sufrimiento ni pavor de la población ya que hay algo peor que ella. 
Este personaje se presenta como alguien apartado de la sociedad pero con un carácter amable, si lo comparamos con su hermana, una bruja vengativa instalada en el seno de la civilización. La bruja del bosque es temida por habitar en las entrañas del bosque, donde además reposa el jinete sin cabeza, cuando, sin saberlo, la peor de las dos urde desde el pueblo, un lugar considerado seguro.











Fotograma extraído de la serie Salem, 01x05: Lies, 2014
- “Salem”. Esta serie se estrenó en el año 2014 y cuenta actualmente con tres temporadas. En ella se nos relata el famoso pasaje de las brujas de Salem, con una fuerte carga de lo demoníaco y paranormal. Mientras que en pueblo transcurre lo cotidiano, en el bosque las brujas se preparan para el advenimiento de Mary Sibbley, una bruja que habita en Salem junto con su asistente, Tituba. Entre el devenir de estos dos mundos, llega al pueblo un cazador de brujas que está decidido a “purgar” Salem de ellas. 
En el bosque es donde se refugian las brujas más antiguas, donde se realizan los aquelarres y los bailes, reflejados en el fragmento inicial de esta entrada. Aun así, el bosque no es el único lugar en el cual se desarrolla la brujería pues, al igual que ocurría en Sleepy Hollow, las brujas viven tanto en el seno de la civilización como en la espesura. 

- “The Witch: A New England Folktale”. No podemos negar nuestra predilección por esta película, pues es, quizás, una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la brujería, con una estética muy cuidada que nos llega a recordar a los grandes maestros de la pintura, el tratamiento del paisaje, recalcando la personalidad y el simbolismo de cada elemento y por supuesto, lo bien que está documentada, reflejando en algunas escenas actos descritos en la documentación de la época.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
El bosque reflejado en “La Bruja” no es un simple contexto, es uno de los grandes protagonistas de la trama. Vemos muy bien reflejada la frontera entre los dos mundos: la granja que, aunque solitaria, sigue perteneciendo al mundo civilizado, y el bosque, el cual se alza imponente como el baluarte del mundo sobrenatural. Los niños juegan en los límites de la espesura hasta que, en un momento dado, la trama se deriva hacia las entrañas del bosque. La bruja tienta desde dentro, a través de sus múltiples manifestaciones: animales y humanas; tiene un marcado carácter maléfico y su objetivo es hacer sucumbir las débiles almas de la familia que habita en las lindes de sus dominios. Como ocurre en otras ocasiones, la bruja habita en una cabaña situada en el corazón del bosque, lugar al que uno de los niños llega tras ser atraído por ésta en forma de liebre.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
Y es que el bosque que aparece en esta película impone por sí mismo. Esta historia se desarrolla en los territorios de Nueva Inglaterra, donde crecen espesos bosques caducifolios que llenan de colores el paisaje otoñal. Los árboles que caracterizan este bosque son ejemplares de pino y abeto altos y robustos, los cuales cierran la entrada al bosque. Esta imagen real se combina con la proyección imaginaria del mal que alberga, pues el bosque es peligroso tanto por sí mismo como por la magia negra que vive en él. Al igual que ocurría en Salem, dentro de este paisaje también se llevan a cabo las reuniones de brujas pues, aunque durante toda la película se nos muestra a una única bruja y al macho cabrío, vemos como al final de la misma aparece un gran aquelarre donde las féminas bailan y danzan alrededor del fuego.

Fotograma de The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers y estrenada en 2015.
 
Por tanto, bosque y bruja son casi dos elementos inseparables; el bosque por ser aquel paradigma de la otredad del que tantas y tantas veces hemos hablado y la bruja por ser uno de los estereotipos más representativos de la delgada línea entre ambas dimensiones. La bruja puede cambiar de carácter, siendo tanto benévola como malévola, pero el bosque se mantendrá como su morada predilecta.  

Filmografía

- 1999 - The Blair Witch Project. Dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick. Trailer 
- 1999 - Sleepy Hollow. Dirigida por Tim Burton. Trailer 
- 2014 - Into the Woods. Dirigida por Rob Marshall. Trailer 
- 2014/15/16Salem. Serie de televisión. WGN América. 3 Temporadas. Trailer 
- 2015 - The Witch. A New England Folktale. Dirigida por Robert Eggers. Trailer 
- 2016 – American Horror Story, Season 6: “My Roanoke Nightmare” Trailer

Bibliografía
- BURTON RUSSELL, J.: Witchcraft in the Middle Ages. Cornell University Press, 1972. Disponible parcialmente en Google Books.
- CARDINI, F.: Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval. Barcelona: Ediciones Península, 1982.
- CARO BAROJA, J.: Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza, 2015.
- KRAMER, H. / SPRENGER J.: Malleus Malleficarum. Ediciones Orión, 1975.
- MICHELET, J.: La Bruja. Un estudio de las supersticiones en la Edad Media. Madrid: Akal, 2012.
- MILLER, A.: Las brujas de Salem (The Crucible). Podéis leer la obra completa aquí
- PEDRAZA, P.: Brujas, sapos y aquelarres. Madrid: Valdemar, 2014.
- PROPP, V.: Las raíces históricas del cuento. Madrid: ediciones Encuentro, 1981



NOTAS

[1] MILLER, A.: Las brujas de Salem (The Crucible). Podéis leer la obra completa aquí.
[2] Por limitación temática no vamos a profundizar en las fases del aquelarre, pero si estáis interesados en el tema podéis acudir a la bibliografía que os proporcionamos al final de esta entrada.
[3] CARDINI, F.: Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval. Barcelona: Ediciones Península, 1982. p. 261.
[4] Fragmento extraído del Malleus Maleficarum.

lunes, 26 de septiembre de 2016

EL "JARDÍN BOTÁNICO" DE TUTMOSIS III EN KARNAK

Relieves con figuras botánicas en el Akhmenu. Fotografía tomada por Aroa Velasco, 2011.

En esta nueva entrada del blog abandonamos nuestro frondoso bosque para adentrarnos en las arenas de Egipto; mas no lo hacemos solas, pues en esta primera visita al país de Kemet tenemos un guía de lujo, nuestro proyecto amigo Papiros Perdidos. Egipto no es un lugar especialmente “verde”, pero esto no quiere decir que el reino vegetal no jugara un importante papel en su vida cotidiana y sus creencias, como veremos a continuación. Aunque parezca difícil encontrar puntos de unión entre nuestro exuberante reino vegetal y el árido desierto, este artículo es buen ejemplo de que existen, y bastantes. Ante la inexistencia de masas boscosas en dicho territorio, nos hemos decantado por la naturaleza domesticada, más concretamente por el “jardín botánico” de Akh Menu, o el Templo de las Fiestas, de Tutmosis III. La descripción del complejo y el contexto histórico conforman la primera parte de este artículo colaborativo; indispensable para contextualizar esta entrada. Para consultarlo no tenéis más que pinchar el siguiente enlace.

Sin más dilación, os invitamos a acompañarnos en nuestro paseo por el gabinete de curiosidades de Tutmosis III para conocer un poco más su variedad vegetal así como la importancia, tanto real como simbólica, que jugaba este reino en la vida y mentalidad del Antiguo Egipto.


Breve introducción al reino vegetal en el antiguo Egipto.

Egipto se encuentra en el extremo nororiental de África, limitando con el gigante asiático. La hostilidad de sus grandes masas desérticas se compensa con las fértiles orillas del río Nilo, alrededor de las cuales se desarrolló la civilización. Y es que donde existe una escasez de vegetación, es donde más se pone en valor su mera existencia, muy relacionada con el agua. La pareja formada entre agua y vegetal es un esquema que se repite en la práctica totalidad de la geografía mundial, concibiéndose como la combinación idónea para el renacer de la vida, pues el medio acuático representa en sí la fertilidad. A pesar de no poseer grandes extensiones de masa vegetal, en Egipto crecen plantas en las riberas y el Delta del Nilo, así como en los oasis. Alrededor del río se desarrolló una importante actividad agrícola, alternando los cultivos de secano y regadío: algodonales, cacahuetes, frutales, caña de azúcar, cereales, papiros, olivares, jazmines, adelfas, palmeras datileras, etc. Pero, como veremos en el siguiente apartado, no todos los ejemplares tenían la misma consideración, pues árboles como el sicomoro, la persea, el loto o la acacia sobrepasarán el ámbito puramente cotidiano para ocupar un puesto de honor dentro del mundo sobrenatural.

De igual forma, la presencia del río favoreció la creación y desarrollo de jardines y cultivos, organizados de muy diversas maneras. Podemos encontrar cuadras cultivables, terrazas, parques, jardines insertos en templos, contextos funerarios o estancias privadas de las residencias. En ellos crecerían viñedos, vegetales diversos, bosquecillos de olivares, árboles frutales, árboles de incienso, entre muchas otras especies. El jardín se presentaba como la antítesis a la hostilidad del desierto; un paraíso y refugio ordenado y seguro. No es de extrañar, por tanto, que encontremos numerosas escenas de jardines dentro de los templos y las construcciones funerarias, pues los árboles representados servirían para el disfrute del difunto en el Más Allá.

¿Cómo se representaba el reino vegetal en el Antiguo Egipto?

Podemos agrupar las representaciones iconográficas de árboles y plantas en dos grandes bloques: uno político, oficial –donde aparecen representados el rey o alguno de sus súbditos- y otro formado por los ámbitos religioso y funerario –individuos particulares que expresan sus creencias sobre la muerte y su paso al Más Allá de una manera más personal. El caso que nos ocupa puede encuadrarse en este primer grupo, siendo la talla de estas figuras el resultado de una expedición militar hacia Retenu. El gabinete de curiosidades, conformado por una amplia variedad de especies botánicas y zoológicas, fue consagrado al dios Amón:

«[…]todo tipo de vegetación extraordinaria, todo tipo de flores escogidas que se encuentran en la Tierra del Dios, y que son traída por Su Encarnación, cuando Su Encarnación se encontraba en Retenu para derrocar los países del norte, según lo que le había ordenado su padre Amón, el cual posa las tierras bajo sus sandalias desde este día hasta dentro de millones de años. Entonces Su Encarnación dijo: Tan cierto como que Re vive por mí y que mi padre Amón me ama, y todo esto ocurrió de verdad, no existe ninguna inscripción falsa, es por causa del bAw de Su Encarnación que él llegó de una tierra fecunda y joven para mí, y trajo sus productos. Si Su Encarnación hizo esto, es para que se pongan a disposición de mi padre Amón, dentro de su gran recinto el Akhmenu, para siempre[1]».

La sacralización del reino vegetal

Como ocurre en otras áreas geográficas, el reino vegetal en Egipto ocupa un importante lugar dentro de sus creencias. Los árboles, arbustos y flores servían como receptáculos de las fuerzas de la naturaleza, teniendo constancia de la asociación de algunos ejemplares con divinidades del panteón egipcio. Algunos ejemplos son la relación entre Osiris y el sauce, Horus y la acacia, Upuaut y el tamariz o las diosas Isis, Hathor o Nut con el famoso sicomoro. Este último ejemplar está asociado a la vida y vinculado a la entrada al Más Allá. Estas diosas se asociaban a la bóveda celeste, es por ello que los ataúdes estaban fabricados con la madera de este árbol y en la tapa superior se grababa el nombre de Nut, como si la diosa abrazara al difunto, recogido en una especie de útero de madera. De igual modo, los árboles nutren, sacian y dan sombra al difunto en el Más Allá así como los ejemplares arbóreos lo proporcionan a los vivos en la tierra, siendo muy famosa la pintura en la que se representa al faraón Tutmosis III siendo amamantado por la diosa Isis en su forma de árbol, ubicada en la tumba KV34.

 
Izq. Sicomoro con el tronco hundido; der. Tutmosis III amamantado por la diosa Isis, tumba KV34.

Y es que no cualquier madera era válida para servir como ofrenda, sarcófago o ser utilizada en un ritual o tallada. El simbolismo de cada árbol iba implícito en su madera por lo que, por ejemplo, un ejemplar con un carácter negativo no se usaría como ofrenda para un dios. Esta casuística no será propia de la antigüedad, ya que la relación entre el simbolismo de la madera y su uso seguirá vigente muchos siglos después, llegando a ver ejemplos de ello en la Edad Media y a posteriori.

Un paseo por el jardín botánico de Tutmosis III

Anteriormente apuntamos la diferenciación entre las representaciones del reino vegetal en el arte egipcio: contexto político y contexto funerario-religioso. Los grabados vegetales que encontramos dentro del gabinete de curiosidades de Tutmosis III pueden encuadrarse en el contexto político, pues no toda la vegetación que aparece representada existe en Egipto. Nuestra compañera Aroa Velasco explicaba muy bien la política exterior llevada a cabo por Tutmosis III, quien se expandió militarmente hacia oriente. Ya recalcamos la importancia del agua y la vegetación en el desarrollo de la vida en el Antiguo Egipto, por lo que no es de extrañar que, como bien preciado, las campañas militares en el exterior fueran acompañadas de la quema y tala de cosechas y árboles autóctonos. En este caso particular se nos muestran una serie de ejemplares vegetales pertenecientes a la zona de Retenu -actualmente asociada a los territorios de Siria y Palestina-, representando la flora del nuevo territorio anexionado a los dominios del dios Amón. Y es que si Egipto no destaca por poseer recursos madereros, las zonas montañosas de Siria y Palestina, junto con las actuales Turquía e Irán, se alzan como pequeños reductos de madera en mitad de la hostilidad del desierto.

El “jardín botánico” de Karnak lo componen relieves en piedra, donde tanto especies animales como vegetales se presentan a modo de catálogo en las paredes de la construcción. Ambas representaciones forman un conjunto mas, por limitación de espacio, no atenderemos al análisis de las aves grabadas sino únicamente a las representaciones botánicas. La identificación de las especies vegetales no es un trabajo fácil, pues la mayoría de las representaciones son figurativas y están exentas de realismo. El trabajo de los artistas egipcios para plasmar el mundo natural tiene detrás un amplio proceso de observación, algo que puede resultar cuanto menos contradictorio al no observar la intención de representar las especies de una manera minuciosa. Esta ausencia de realismo, junto a la perspectiva empleada en cada una, dificulta en gran modo la identificación precisa de cada especie. Esta ardua tarea fue llevada a cabo por Nathalie Beaux en su obra Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak, donde, con ayuda de botánicos, intentó reconstruir el exuberante jardín que decora las paredes de este lugar. Para la identificación de las especies botánicas se tuvieron en cuenta la flora de diversos territorios: el Mediterráneo, Oriente Próximo, Sudán, Egipto y las zonas norte y oeste tropical de África. En esta completa obra divide los ejemplares en dos grandes grupos: plantas extranjeras y extraordinarias, que a su vez se subdivide en monstruosas y remarcables. El modo de catalogación botánica consta de una ficha de cada especie, donde se recoge su nombre, características físicas, usos, hábitat y distribución; así como una útil comparativa de imágenes entre los calcos de las figuras y la planta real a la que se hace referencia. Su estudio recoge un total de 79 especies vegetales representadas, entre árboles, arbustos y flores.

- Plantas extranjeras

Se localizan en el muro Este de la sala 31, aunque aparecen acompañadas de ejemplares de plantas extraordinarias como la Nymphea o la Vitis Vinifera. Los ejemplos que encontramos aquí grabados aparecen representados, por regla general, una única vez.

Los testimonios sitúan estas plantas en la zona superior de Retenu, confines orientales y meridionales conocidos para los egipcios. Teniendo en cuenta la existencia de estos vegetales en un lugar tan alejado de su origen, ¿cómo pudieron los egipcios conocer estas especies? O bien a través de la observación de las mismas en el camino hacia Retenu, donde crecerían de manera natural, o bien porque habrían sido importadas desde allí hacia Egipto como un producto exótico.

Un ejemplo de este grupo lo tenemos en la kalanchoe lanceolata, distribuida por territorios del sur de África, África tropical y la India. Pertenece a la familia de las crasuláceas que puede crecer hasta 1.5 metros. Las hojas lanceoladas crecen escalonadas a lo largo de un tallo recto y sus flores tienen un llamativo color amarillento.

Kalanchoe lanceolata. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Plantz Africa y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

- Plantas extraordinarias:

Muchas de ellas son representadas de una manera poco común. La autora subdivide este grupo en otros dos bloques, diferenciando entre plantas monstruosas y plantas remarcables.

   - Plantas monstruosas: Ilustran fenómenos teratológicos[2] -bien sea fusión de ejemplares o componentes, proliferación o fisión- que afectan a las plantas. En la mayoría de los casos analizados se puede reconocer el ejemplar afectado y se localizan dentro de los límites del mundo conocido para los egipcios. Se sitúan en el Egipto anterior a Tutmosis III y son especies muy conocidas, puesto que se cultivaban en gran medida y aparecían comúnmente representadas en el arte egipcio. Los grabados reconocibles de estos ejemplares en los muros de Karnak aparecen de una manera simplificada y se localizan en casi toda la superficie de la construcción -a lo largo de los muros Sur, Oeste y Norte-. En el muro sur podemos encontrar frutos monstruosos, como los producidos por el Mimosups Laurifolia; o plantas monstruosas acuáticas como la Nymphaea nouchali o plantas monstruosas cultivadas como las Cucurbitaceae –dentro de esta familia podemos encontrar el melón, la calabaza o el pepino-, ambas representadas en el muro oeste. De igual modo, en el muro norte encontramos de nuevo representaciones de Nympheae así como de Ficus.

Como hemos visto, un ejemplo representativo de este subgrupo es la Nympheae nouchali. Se distribuye en zonas del Este de África, así como en el sudeste asiático. Es una especie perenne, de medio acuático. Sus hojas flotan en el agua y sus flores crecen independientes a través de un largo pedúnculo de color rojo, azul o amarillo. El loto tuvo un importante simbolismo en el antiguo Egipto pues se consideraba el primer vegetal creado, siendo una planta de la vida debido a su capacidad de profliferar.

Nymphaea Nouchalis. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Wikipedia y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

   - Plantas remarcables: en este grupo se incluyen aquellas plantas cultivadas antes del reinado de Tutmosis III y su clasificación se basa en su capacidad excepcional de multiplicarse y dar fruto, facultades muy remarcables a ojos de los egipcios, que consideraban el modo más evidente de reproducción de una planta era la producción de granos para germinar. Estos casos evidencian la importancia que se concebía en el Egipto Antiguo al reino vegetal, por simbolizar la exaltación de la abundancia y la fecundidad tanto en el plano real como en el conceptual. Podemos encontrarlas grabadas en los muros Este y Sur, con especies como el Punica Granatum –granada-, la Phoenix Dactylifera –palmera datilera- o la Vitis Vinifera –vid-.

Vitis Vinifera. Izq. Izq. planta real; der. Calco de la figura representada y dibujo de la misma. Fuente: Wikipedia y BAUM, N.: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak

Como se ve, las figuras aparecen situadas de una manera armoniosa, donde se entremezclan ejemplares variados de los grupos ya descritos. La disposición de los elementos hace ver la composición como un extenso catálogo de elementos naturales, cuya intención no es ser exhaustivo sino más bien sugerir el elemento botánico y zoológico representado.

Y una vez expuestas las figuras representadas en los muros del Akhmenu, el siguiente paso es explicar el por qué esas especies están allí grabadas en la piedra, qué interés despertaban para los antiguos egipcios. Como ha ocurrido durante toda la Historia, el ser humano se ha sentido atraído por aquello que no conoce y que le parece nuevo, exótico, precioso o maravilloso, y el caso egipcio no iba a ser una excepción. La curiosidad por especies botánicas y zoológicas animaba a la observación, cultivo o cría de las mismas, y en el caso de no existir en tierra egipcia, la importación de las mismas. En el caso concreto de la botánica, los intereses podían ir desde la belleza de la planta hasta su perfume, su calidad o su utilidad. De igual modo existía un interés por enriquecer los jardines, una tradición ya existente en la zona de Mesopotamia. En muchas ocasiones, estos ejemplares servían como ofrendas a los dioses. Los relieves del “jardín botánico” testimonian el reconocimiento de lo desconocido.

El rey, por tanto, le ofrece al dios Amón un amplio número de plantas exóticas -como símbolo de tierras extranjeras, es decir, el aumento de los dominios del dios en la tierra- y plantas extraordinarias –signos de profusión terrestre- en testimonio del poder que este le transfiere para gobernar en la tierra.

Relieves con figuras botánicas en el Akhmenu. Fotografía tomada por Aroa Velasco, 2011

¡Os espero entre las Hojas!



Bibliografía

- ABELLÁN, Alejandra: “El árbol de la vida en tradición egipcia” en Revista ArsGravis, 4, 2012. Disponible en el siguiente enlace: http://www.arsgravis.com/?p=3209 
- BAUM, Nathalie: Arbres et arbustes de l’ Egypte Ancienne. Departement Orientalistiek Leuven, 1988. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books. 
- BEAUX, Nathalie: Le Cabinet de Curiosités de Thoutmosis III. Plantes et animaux du «Jardin botanique» de Karnak. Peeters Press and Departement Orientalistiek Leuven, 1990. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books.
- GALÁN, José Manuel: “Carácter simbólico de algunos árboles y plantas en el Antiguo Egipto” en R. OLMOS, P. CABRERA, S. MONTERO (coord.): Paraíso cerrado, jardín abierto. El reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo. Ediciones Polifemo, Madrid, 2005.
- SEGURA MUNGUÍA, Santiago; TORRES RIPA, Javier: Historia de las plantas en el mundo antiguo. Universidad de Deusto: Bilbao, Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Madrid, 2009. Podéis encontrarlo parcialmente digitalizado en Google Books.
- WILKINSON, Alix: The Garden in Ancient Egypt. The Rubicon Press, London, 1998.


NOTAS

[1] Texto situado en el noroeste del vestíbulo. Traducción realizada y facilitada por Aroa Velasco.
[2] Estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal