martes, 23 de diciembre de 2014

"EL BOSQUE EN MINIATURA" (I): EL PARQUE DE LOS MONSTRUOS DE BOMARZO

El Orco. Esta escultura es la más representativa del Parque de Bomarzo. Su boca abierta evoca la entrada al infierno. En su superficie está escrita la frase "El pensamiento vuela"
     

La entrada que nos disponemos a desarrollar hoy abre una de las múltiples variantes en las que se desarrolla el bosque y donde, al mismo tiempo, sirve de inspiración: los jardines. 

Que la Naturaleza ha servido como fuente de inspiración del arte es algo innegable pues es una temática que nunca dejará de representarse. La importancia de los jardines la encontramos en la conjunción de piedra y naturaleza, unas veces ordenada y otras veces salvaje. La apariencia de estos paisajes suele ser amable por lo que se encuadra dentro de la tipología de un locus amoenus

A partir del Renacimiento la construcción de grandes jardines no respondía únicamente a una necesidad, como podía pasar con los hortus de los monasterios medievales, sino al engrandecimiento de la obra en sí. Estos lugares comenzaron a adornarse basándose en la conjunción de flora, piedra, agua y en ocasiones fauna y se configuraron como grandes espacios abiertos, contrastando con los cerrados jardines medievales (del ámbito occidental, se entiende). Estos jardines renacentistas podían representar funciones en el conjunto de la obra, como es el caso que nos ocupa, pues El Parque de los Monstruos de Bomarzo actúa como representante del bosque imaginado. 

En general, la idea de "bosque imaginado" en el Renacimiento es retomada desde la perspectiva de la tradición clásica, recuperada y ensalzada. Una de las teorías de la creación del jardín renacentista responde precisamente a este punto, pues se recurre a la mitología y a las alegorías literarias para dotar a estos espacios de ese carácter fantástico-literario[1].
 
El dragón. Esta escultura representa el recuerdo perdurable y la imaginación creadora

EL PARQUE DE LOS MONSTRUOS DE BOMARZO 

Conocido por los nombres de Bosco sacro o Parco dei Monstri, estos jardines forman parte del castillo de los Orsini en Bomarzo (Roma). La localidad de Bomarzo se encuentra en el bajo valle del Tíber y el conjunto aprovecha una ladera natural del montículo donde se sitúa el castillo para expandirse. 
La idea de construir este jardín se atribuye a Pier Francesco de Orsini quien ordenó la creación del parque tras la muerte de su esposa Giulia Farnese. La figura destacada en su realización es el arquitecto Pirro Ligorio quien, junto con su equipo y otros artistas, ordenó la disposición del parque. La construcción del conjunto se llevó a cabo en dos fases, alargándose desde 1552 a 1589, donde predomina el estilo manierista.
La novedad de estos jardines se encuentra en el estilo libre y desordenado que impera en cada uno de sus rincones. Su diseño laberíntico ayuda a dar una apariencia de reino de lo absurdo[2]. Si bien hemos apuntado que la Naturaleza tiene una gran importancia en este conjunto es porque algunas de sus piezas están esculpidas en la misma piedra autóctona:

"El parque de Bomarzo se encuentra en un terreno irregular, de orografía surcada por pequeños riachuelos y saltos de agua, y conformada geológicamente por una piedra volcánica, peperino, cuya ubicación y morfología arbitraria fue aprovechada para esculpir y levantar pequeñas arquitecturas de jardín dentro de un bosque frondoso. El aprovechamiento de las piedras como material artístico, se puede interpretar como un anhelo poético de colaboración con la naturaleza a través de la imaginación[3]".

De igual manera es novedoso en el sentido de que no posee la característica ordenación de los elementos sino que se presenta como un espacio caótico, con caminos curvos, líneas laberínticas[4], y esculturas extravagantes. En definitiva, crea un espacio donde la maravilla campa libremente y donde la sorpresa se esconde detrás de cada esquina. Como es de imaginar, en su momento de estreno las esculturas brillarían con el más pulcro color de la piedra pero con el paso de los años la vegetación ha hecho de ellas su soporte predilecto. El musgo, junto al crecimiento de la vegetación autóctona, ha convertido a los jardines de Bomarzo en una fantasía casi de decadencia romántica.


La Casa inclinada. Su significado de acerca a la representación metafórica del riesgo.

Respecto a las esculturas, no están elegidas al azar y cada una posee un simbolismo en sí misma, convirtiendo el lugar en un jardín iniciático. Es importante destacar que las esculturas van en ocasiones acompañadas por frases. El conjunto escultórico está formado con figuras que van desde la mitología clásica, animales, vegetales, criaturas fantásticas y grutas hasta un santuario. En la entrada, cumpliendo su función de guardianas, se encuentran dos esfinges y junto a ellas esta frase: “Chi non prova stupore di fronte alle statue del parco di Bomarzo non potrà ammirare nemmeno le Sette Meraviglie del Mondo”

Las esculturas de corte mitológico las componen dioses clásicos tales como Fauno, Saturno, Ceres o Artemisa, esta última representada en una faceta maternal, con varios pechos de los que brota agua. De igual manera están representadas la lucha de gigantes, y la personificación de algunos elementos naturales como el mar. También encontramos elementos naturales como animales o vegetales: un elefante de gran altura con un castillo encima aplastando a un hombre (haciendo referencia a las campañas de Aníbal), piñas gigantes o una tortuga gigantesca en cuyo caparazón se apoya una vasija que es coronada por una joven victoria. Como lugar donde impera la maravilla no podían faltar las criaturas fantásticas como los unicornios, las sirenas de cola bífida, dragones, etc.

La Tortuga con la Victoria alada y la orca con las fauces abiertas. Este conjunto escultórico representa un problema enfrentado a través de la prudencia.

Para completar este paseo por los jardines de Bomarzo tenemos que citar la famosa casa inclinada y el ogro o boca del infierno, el cual cambia su facción dependiendo de cómo incida en él la luz solar.


Como conclusión podemos añadir que este complejo jardín evoca la naturaleza salvaje y el inconsciente más desbordante en el contexto boscoso, volviendo a las raíces del bosque como espacio sobrenatural donde todo puede ocurrir. Con todo este significado y apariencia no es de extrañar que este lugar inspirara a artistas cercanos a la escena del surrealismo como Max Ernst o Salvador Dalí.


¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!
 

BIBLIOGRAFÍA

- KLUCKERT, Ehrenfried, Grandes jardines de Europa: desde la Antigüedad hasta nuestros días; editado por Rolf Toman. Colonia, 2000. pp. 84-85.
- MARROQUÍN FUENTES, D.: “Los monstruos petrificados de Bomarzo” en Revista EntreVerAndo, enero, 2009. pp. 59-80. Disponible aquí. 
- MARTÍN MARTÍN, F.: "Bomarzo: una experiencia humanística y sensitiva" en Laboratorio de Arte, 23, 2011. pp. 65-77. Disponible aquí



NOTAS

[1] Para saber más acerca de las teorías de la creación de jardines acudir aquí
[2] KLUCKERT, Ehrenfried, Grandes jardines de Europa: desde la Antigüedad hasta nuestros días; editado por Rolf Toman. Colonia, 2000. pp. 84-85.
[3] Fragmento incluido en: Martín Martín, Fernando: "Bomarzo: una experiencia humanística y sensitiva" en Laboratorio de Arte, 23, 2011. pp. 65-77.
[4] Para saber más acudir al siguiente artículo sobre los laberintos en los jardines manieristas y barrocos.


lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS BOSQUES DE TOLKIEN (I): EL HOBBIT


Que la obra de Tolkien nos fascina es algo que ha quedado bastante claro en las publicaciones de este blog. Por esto, y coincidiendo con el estreno en tres escasos días de la película de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, se ha querido profundizar en la simbología y descripción de la obra a la que Tolkien dio vida, centrando nuestro interés en los bosques.
 
Como bien sabéis, la obra de Tolkien es una oda a la Naturaleza. Sus paisajes van desde los verdes prados, los profundos bosques y las rudas montañas hasta el inmenso mar, sin olvidarnos de la naturaleza del Más Allá descrita como un inmenso prado verde. Su profundo respeto por el medio natural se ve plasmado en los paisajes de la Tierra Media, los cuales, en cierto modo, reflejan el choque de su propio tiempo, donde la industria crecía exponencialmente mientras que los espacios naturales eran modificados en beneficio de la primera. Esta contraposición se representa en mayor medida en Las Dos Torres con Isengard, con Saruman a la cabeza, y el bosque de Fangorn, con los ents en general y Bárbol en particular, como representantes. Ambas figuras acogen en sí mismas el simbolismo de la naturaleza frente a la industria, el árbol frente a la máquina o la madera frente a la piedra y al metal:

The Ents destroy Isengard. Ilustración de John Howe


"Hubo un tiempo en que se paseaba siempre por mis bosques. Era cortés en ese entonces, siempre pidiéndome permiso (al menos cuando tropezaba conmigo) y siempre dispuesto a escuchar (...) Creo entender ahora en qué anda. Está planeando convertirse en un Poder. Tiene una mente de metal y ruedas y no le preocupan las cosas que crecen, excepto cuando puede utilizarlas en el momento. Y ahora está claro que es un malvado traidor[1]"  


Ya en la Edad Media ambos materiales gozaban de una simbología propia. La madera era considerada una materia viva, pues poseía "venas y sangre", es decir, la botánica medieval dotaba a las plantas de un sistema similar al humano por donde fluiría la savia. En contraposición a la misma estaban los materiales inertes como los metales y la piedra. Esta consideración de los materiales junto con la idealización de la naturaleza del siglo XIX y el renacer de una conciencia ecológica sirvió como base para que el profesor inglés plasmara sus propios temores en la novela, reivindicando a su manera la protección de la Naturaleza.

Como se apuntaba más arriba, la comparación de paisajes es un continuo, pudiendo establecer dos tipologías: el lugar apacible y la naturaleza deprimida y oscura. Según avanzamos en su larga obra los paisajes se van tornando cada vez más oscuros, pues pasamos de los árboles de luz de los Valar en el Silmarillion al paisaje desolador de Mordor de El Señor de los Anillos, compuesto por lava, fuego y roca. En este aspecto podemos aplicar las tipologías que expusimos en la entrada sobre la naturaleza en el imaginario: locus horridus y locus amoenus. Los bosques sufren la misma evolución pero son ellos los que, junto con las montañas, más simbolismo contengan. No nos debe extrañar, pues, que algunos de los pasajes más importantes ocurridos en sus obras se produzcan dentro de las lindes de la foresta.


Sin más dilación vamos a centrarnos en los bosques de El Hobbit. Para describir su papel y simbolismo en la obra hemos elegido dos grandes masas forestales, El Bosque de los Trolls y El Bosque Negro, por varias razones: Porque su descripción es minuciosa, porque son lugares donde se desarrolla una acción que hace avanzar la historia y porque contienen en sí mismos simbologías importantes.


EL BOSQUE DE LOS TROLLS

The Trolls. Ilustración de J.R.R. Tolkien

El bosque de los Trolls se encuentra en Eriador, al norte del Gran Camino del Este y al Este de Rivendel. David Day cuenta en su enciclopedia que: "En otros tiempos había sido una región civilizada de Arnor, y se podían encontrar todavía ruinas de castillos dúnedain, pero, desde las guerras con el rey brujo de Angmar, el bosque se convirtió en territorio de los trolls (...)[2]" Estas criaturas fueron criadas por Melkor, quien deseaba equipararlos a los grandes pastores de árboles. Su corpulencia y estatura se compensaban con su ínfima inteligencia pues muchos no sabían ni hablar. Tenían una debilidad pues, como criaturas de la oscuridad que eran, temían la luz del Sol, la cual podía petrificarlos[3].

Como bien se ha dicho, los trolls infectaron las cercanías de Rivendel, el bosque ahora era el hogar de Guille, Berto y Tom, los cuales sobrevivían devorando viajeros y robando ganado. Su aparición en el Hobbit supone la primera prueba de coraje de Bilbo Bolsón, el cual es enviado por lo enanos a observar una luz que brillaba en el bosque...


"Llegaron a la colina y pronto estuvieron en el bosque. Subieron la pendiente, pero no se veía ningún sendero adecuado que pudiera llevar a una casa o a una granja. Continuaron como pudieron, entre chasquidos, crujidos y susurros (y una buena cantidad de maldiciones y refunfuños) mientras avanzaban por la oscuridad cerrada del bosque.

De súbito la luz roja brilló muy clara entre los árboles no mucho más allá. -Ahora le toca al saqueador -dijeron refiriéndose a Bilbo-. Tienes que ir y averiguarlo todo de esa luz, para qué es, y si las cosas parecen normales y en orden -dijo Thorin al hobbit-. Ahora corre y vuelve rápido si todo está bien. Si no ¡vuelve como puedas! Si no puedes, grita dos veces como lechuza de granero y una como lechuza de campo, y haremos lo que podamos[4]










The Stone Trolls. Ilustración de Alan Lee


La interpretación que se puede extraer es que esta acción llevada a cabo por el hobbit es una especie de rito de iniciación. Bilbo decide partir con los enanos mas ellos aún no están muy seguros de sus capacidades y su confianza. Que esto se lleve a cabo en el interior de un bosque no es casualidad pues ya en la Edad Media funcionaba como espacio de iniciación en el contexto de las novelas de caballería, pues la misma selva era una prueba que superar.

Este bosque volverá a aparecer en La Comunidad del Anillo, cuando Trancos y los hobbits huyen de los Názgul hacia Rivendel. Este contexto es muy distinto pues los trolls forman parte de un recuerdo vivo, recuerdo de la historia que ya conocían a través de Bilbo. Y el texto dice así:


"El sol estaba alto ahora, y relucía entre las ramas otoñales de los árboles, iluminando el claro con brillantes parches de luz. Se detuvieron al borde del claro y espiaron entre los troncos conteniendo el aliento. Allí estaban los trolls: tres trolls de considerables dimensiones. Uno de ellos estaba inclinado y los otros dos lo observaban.

Trancos se adelantó como al descuido.

-Levántate, vieja piedra! -dijo y rompió el palo en el lomo del troll inclinado.

No ocurrió nada. Un jadeo de asombro entre los hobbits y luego el mismo Frodo se echó a reír.

-¡Bueno! -dijo- ¡Estamos olvidando la historia de la familia! Estos han de ser los tres que atrapó Gandalf, cuando discutían sobre la mejor manera de cocinar trece enanos y un hobbit[5]"




EL BOSQUE NEGRO (MIRKWOOD[6])

Mirkwood. Ilustración para El Hobbit de J.R.R. Tolkien


Este bosque se encuentra en Rhovanion, al este de las Montañas Nubladas y el río Anduin. Quizás uno de los mejores ejemplos del cambio de ambiente en los paisajes. Ha  recibido muchos nombres: Bosqueverde el Grande, Eryn Galen, Taur-nu-Fuin (Bosque bajo la noche), Mirkwood, Bosque Negro y Eryn Lasgalen (El Bosque de las Hojas verdes, nombrado así por Celeborn y Thranduil tras la Guerra del Anillo)[7]. Antes de que el bosque fuera infectado por las fuerzas del mal en la Tercera Edad, los pájaros y los animales vivían en paz bajo los árboles y el rey elfo Thranduil tenía en el norte del mismo, su reino. En el año 1050 de la Tercera Edad el nigromante Sauron instaló su dominio en Dol Guldur, en la parte meridional del bosque. El poder del Reino élfico del Bosque no fue suficiente para frenar el avance de Sauron por lo que la foresta se infectó tornándose oscura e intransitable, además de acoger en su seno a siervos del mal tales como arañas gigantes, lobos, orcos o espíritus malignos.


Es en este contexto en el cual la compañía de enanos llega a las lindes del Bosque Negro. Vigilados por Beorn[8] y montando sus ponys, el grupo se para con Gandalf en "La Puerta del Bosque". Esta escena es importante pues es allí donde se les mostrará el sendero que han de seguir tras la marcha del mago. Esta idea obedece a la imagen del bosque como un lugar intransitable y oscuro donde es muy fácil perderse. Este motivo será muy usado por la alegoría y la metáfora (no hay más que recordar a Dante y su "selva oscura"). El texto de la despedida dice así:







Farewell to Gandalf. Ilustración de Alan Lee




"Acababa de adentrarse en el bosque justo después del desayuno (por cierto bastante frugal), y todo estaba allí tan oscuro en plena mañana como durante la noche, y muy en secreto se dijo a sí mismo: "Parece como si algo esperara y vigilara".

-Adiós -dijo Gandalf a Thorin-. ¡Y adiós a todos vosotros, adiós! Ahora seguid todo recto a través del bosque. ¡No abandonéis el sendero. Si lo hacéis, hay una posibilidad entre mil de que volváis a encontrarlo, y nunca saldréis del Bosque Negro, y entonces es seguro que ni yo ni nadie volverá a veros jamás[9]"


Como se apuntaba en líneas anteriores, el bosque en sí mismo puede ser una prueba, en ocasiones una muy difícil y peligrosa. La escena que describe Tolkien en el Bosque Negro es  terrorífica puesto que no solo tienen que luchar contra los peligros externos, como son las arañas, sino luchar contra sí mismos, pues la espesura puede hacer enloquecer hasta al más cuerdo[10]


"Había ardillas negras en el bosque. Los ojos penetrantes e inquisitivos de Bilbo empezaron a vislumbrarlas fugazmente mientras cruzaban rápidas el sendero y se escabullían escondiéndose detrás de los árboles. Había también extraños ruidos, gruñidos, susurros, correteos en la maleza y entre las hojas que se amontonaban en algunos sitios del bosque; pero no conseguían ver qué causaba esos ruidos. Entre las cosas visibles lo más horrible eran las telarañas (...) El aire no se movía bajo el techo del bosque, eternamente quieto, sofocante y oscuro[11]"


El bosque es el hogar de lo desconocido, lo mágico y lo sobrenatural. En su interior es quizás más importante lo que no se ve que lo que se ve, pues los sonidos pueden ser mucho más inquietantes. Hay que tener en cuenta que el propio inconsciente nos engaña, pudiendo imaginar cosas que no se ven; como bien le ocurre a Bilbo, pues en la más profunda oscuridad unos ojos amenazantes de varios colores, quizás de insectos, observan y se desvanecen. Muy interesante es la aparición de un ciervo blanco mientras que cruzan el río, un animal que salta y hace caer a Bombur en el río. Sería muy largo de  explicar aquí la simbología del ciervo blanco pero, a modo informativo, la aparición de este animal en el contexto céltico se asocia al Más Allá.


Por si esto fuera poco, Tolkien introduce otro elemento natural muy relacionado con la magia y el encantamiento: el agua. El río Encantado nace en las Montañas del Bosque Negro (Emyn-Nu-Fuin) y tiene el poder de adormecer a cualquiera que caiga en sus aguas, que para desgracia de los enanos, Bombur acaba probando. 


Bilbo en las copas de Mirkwood. Ilustración de Alan Lee
Dentro de la negra espesura es muy difícil encontrar el camino y la única solución es trepar hacia el exterior. La descripción que hace Tolkien de este momento es muy bella pues oxigena el ambiente cargado del interior de la floresta, más aún cuando uno de los enanos ha caído presa del sueño mágico del río. El mensaje es muy positivo pues, a pesar del horror que contiene, el bosque sigue siendo hermoso. El texto dice así:


"Al fin sacó la cabeza por encima del techo de hojas, y en efecto, encontró arañas. Pero eran pequeñas, de tamaño corriente, y sólo les interesaban las mariposas. Los ojos de Bilbo casi se enceguecieron con la luz. Oía a los enanos que le gritaban desde abajo, pero no podía responderles, sólo aferrarse a las ramas y parpadear. El sol brilla resplandeciente y pasó largo rato antes de que pudiera soportarlo. Cuando lo consiguió, vio a su alrededor un mar verde oscuro, rizado aquí y allá por la brisa; y por todas partes, cientos de mariposas[12]



Como habéis comprobado el mundo de Tolkien es riquísimo en descripción de espacios naturales, los cuales no se presentan como simples escenarios sino que asumen en ocasiones papeles de gran importancia. Espero que hayáis disfrutado leyendo esta entrada tanto como yo escribiéndola y que cuando leáis el libro o veáis las películas miréis a los bosques con otros ojos.





¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS! 




PARA COMPLEMENTAR...


- Película de animación El Hobbit. Dirigida por Jules Bass y Arthur Rankin Jr. Año 1977. Podéis ver el tráiler aquí.

- Películas de la trilogía de El Hobbit (Un viaje inesperado y La desolación de Smaug). Dirigidas por Peter Jackson. Años 2012, 2013. Podéis ver los trailers aquí y aquí.



BIBLIOGRAFÍA


- DAY, DAVID: Enciclopedia Ilustrada Tolkien. Barcelona: Círculo de Lectores, 2001.

- TOLKIEN, J.R.R.: El Hobbit. Barcelona: Círculo de Lectores, 1995.

- TOLKIEN, J.R.R.: El Señor de los Anillos. Barcelona: Círculo de Lectores, 1995.





NOTAS

[1] Fragmento extraído de: TOLKIEN, J.R.R.: El Señor de los Anillos: Las Dos Torres. Cap. 4 "Bárbol". Barcelona: Círculo de Lectores, 1995. p.486. 
[2] Fragmento extraído de: DAY, DAVID: Enciclopedia Ilustrada Tolkien. Barcelona: Círculo de Lectores, 2001. p. 66.  
[3] Podéis ver su representación en la versión de Peter Jackson aquí 
[4] Fragmento extraído de: TOLKIEN, J.R.R.: El Hobbit. Cap. 2 "Carnero asado". Barcelona: Círculo de Lectores, 1995 p.33. 
[5] Fragmento extraído de: TOLKIEN, J.R.R.: El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo. Cap. 12 "Huyendo hacia el Vado". Barcelona: Círculo de Lectores, 1995. p. 216. 
[6] Recordemos que en la entrada sobre el Bosque en el imaginario escandinavo ya apuntábamos la similitud entre el Myrkvid nórdico y el Mirkwood de Tolkien. 
[7] Información extraída de: El Bosque Negro en elfenomeno 
[8] Beorn es un cambiapieles que ayuda a la compañía de enanos ofreciéndolos refugio. Esta figura nos recuerda a los protectores de los bosques, cuyo aspecto asilvestrado y su capacidad de metamorfosis hace un guiño a los animales totémicos, en este caso el oso, que gozaban de mucha importancia entre las poblaciones antiguas y sus cultos. 
[9] Fragmento extraído de: TOLKIEN, op. cit. (nota 4) Cap. 7 "Extraños aposentos" p. 108. 
[10] Podéis ver su representación en la versión de Peter Jackson aquí  
[11] Fragmento extraído de: TOLKIEN, op. cit. (nota 4) Cap. 8 "Moscas y Arañas" p. 110. 
[12] Fragmento extraído de: Ibidem, pp. 115-116.