lunes, 17 de noviembre de 2014

EL BOSQUE COMO FRONTERA AL MÁS ALLÁ (I): LA EPOPEYA DE GILGAMESH

        Ya apuntábamos en la tercera entrada de este blog el papel del bosque como frontera sobrenatural en el mundo escandinavo, pero hay muchos más ejemplos. Antes de comenzar a desarrollar esta disertación es importante advertir que no hay que confundirlo con su función de portal, entendido como entrada a otras dimensiones, por ejemplo al mundo féerico. La función de bosque en esta entrada se relaciona únicamente con el mundo de los dioses y los muertos, tanto con el paraíso como con el infierno. 

        Para ilustrar este papel del bosque usaremos varios ejemplos extraídos de la literatura y la mitología. Hoy queremos comenzar por el mítico relato de la Epopeya de Gilgamesh, escrito en cuneiforme sobre tablillas de barro cocido allá por el tercer milenio a.C. Se consolida como una de las grandes obras épicas del pasado oriental.

        El pasaje que nos interesa se incluye dentro de la primera parte del poema, cuando Gilgamesh parte al Bosque de Cedros sagrados para alcanzar la gloria mediante el asesinato de la critura Humbaba.

1. EL BOSQUE EN LA EPOPEYA DE GILGAMESH

        Como ocurría con el ejemplo escandinavo, en la epopeya de Gilgamesh se nos presenta al bosque como un espacio fronterizo y protector. Este bosque de cedros actua como frontera protectora de la Montaña sagrada, donde habitan los dioses inmortales, y lo protege una criatura llamada Humbaba. Gilgamesh le confia a su compañero Enkidu su intención de partir hacia el Bosque de Cedros y matar a la criatura para reforzar su nombre y su figura como héroe. Para inflar el valor de héroe es necesario que el contrincante sea feroz y horrible; cuanto más horrible sea la bestia, mayor será el reconocimiento posterior. El texto describe a Humbaba de la siguiente manera:
        
"Para proteger al Bosque de los Cedros
e inspirar terror a la gente, Enlil lo creó.
Humbaba ruge en las aguas desatadas,
su boca es fuego
su aliento es muerte.
Desde sesenta leguas puede oír a las vacas salvajes del bosque.
¿Quién se atrevería a adentrarse en el bosque?
Para proteger a los cedros
e inspirar terror a los mortales, Enlil lo creó;
el decaimiento hace presa en quien se adentra en el bosque." [1]


Cabeza de Humbaba. Segundo milenio a.C. Museo de Irak, Bagdad
Máscara de Humbaba. 1800-1600 a.C. Sippar. British Museum
      











        Algunos asocian la figura de Humbaba a la del dragón, debido a su apariencia física y a su función vigilante [2]. De igual modo, Humbaba nace de las profundidades de la montaña sagrada por lo que no es de extrañar que se le asocie con los demonios.

        El bosque que se nos describe no atiende a un locus horridus típico, pues dentro de la frondosidad de sus ramas desprende una imagen "llena de delicias". Por tanto, no es el bosque lo que se teme sino su protector. El texto describe el paisaje de la siguiente manera:

"Están allí, admirando el bosque,
contemplando la altura de los cedros,
contemplando la entrada del bosque.
En el lugar donde Humbaba pasea hay un camino,
de recto trazado y buena ruta.
Contemplan la montaña de los cedros,
la morada de los dioses,
el santuario de la diosa Irmini.
En la ladera, el cedro levanta su ramaje,
su sombra es benéfica, llena de delicias;
las breñas son achaparradas, desmedrados los espmos..." (laguna)[3]

        Como podemos observar, en este pasaje el bosque no funciona solo como frontera pues también se nos presenta como un santuario natural donde los dioses habitan. Que el bosque mostrado esté compuesto por cedros no es casualidad pues esta especie vegetal simboliza la inmortalidad, característica que el héroe perseguirá tras la muerte de su amigo Enkidu.

Impronta de Gilgamesh y Enkidu dando muerte a Humbaba


NOTAS

[1] Versión asiria, Tablilla III, Columna IV. Fragmento extraído de: BARTRA, Agustí: La epopeya de Gilgamesh. Ciudad de México: La Guillotina, 2012. pp. 61-62. 
[2] http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerieII-2011-24-2005&dsID=Documento.pdf 
[3] Versión asiria, Tablilla V, Columna I. Fragmento extraído de op. cit. (nota 1) pp. 81.




  

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