miércoles, 14 de enero de 2015

EL BOSQUE COMO FRONTERA AL MÁS ALLÁ (II): LA ENEIDA


The Golden Bough. J.M.W. Turner. 1834


La entrada que nos proponemos a escribir ocupa un segundo lugar en el ciclo simbólico del bosque, en este caso el papel que realiza como frontera al Más Allá, pues ya inauguramos este apartado con El Poema de Gilgamesh. La Eneida de Virgilio fue redactada en el siglo I a.C., pues el autor la terminó en el año 19 con un total de 12 libros. El que a nosotros no interesa especialmente es el libro VI, donde se nos cuenta la bajada de Eneas a los infiernos junto a la sibila de Cumas para recibir consejo de su ya fallecido padre.

Antes de empezar el análisis del papel del bosque en este relato hay que tener en cuenta que junto a él aparecen otros espacios tradicionalmente asociado a los mundos infernales como la caverna o el agua. Del mismo modo hay que tener en cuenta otros factores que contextualizan y dan sentido al papel del bosque en este corto relato y que debemos analizar, como son el importante papel del muérdago y la encina, el contexto de bosque sagrado y la catábasis o descenso a los infiernos junto con la descripción de su entrada.
El libro VI comienza con la llegada de Eneas y su flota a las costas de Cumas. El héroe busca la cueva donde se encuentra la sibila para recibir su consejo. Y el texto dice así:

"El piadoso Eneas por su parte la roca busca que preside
el alto Apolo y el apartado retiro de la horrenda Sibila,
la enorme gruta, a quien la mente grande y el corazón
inspira el vate Delio y descubre el futuro.
Cueva de la Sibila en Cumas. Fotografía de Carma Casula.
Ya entran en los bosques de Trivia y en los techos de oro[1]"

El motivo por el cual Eneas visita a la sibila es suplicar para que esta le abra las puertas del Tártaro y así poder recibir consejo de Anquises, su padre. En esta súplica se introduce una denominación muy representativa pues el héroe tilda a la sibila de cuidadora de los "bosques del Averno[2]". Ante la insistencia del héroe, la sibila le da una serie de directrices a seguir antes de poder descender al infierno y es aquí donde el bosque cobra importancia. La vidente le pide recoger la rama dorada, dar sepultura a su amigo Miseno y ofrecer un sacrificio. Es el primer mandato el que nos interesa pues la rama dorada se esconde en un profundo bosque. Y el texto dice así:

[...]"Nacido de la sangre
de los dioses, troyano Anquisíada, fácil es la bajada al Averno:
de noche y de día está abierta la puerta del negro Dite;
pero dar marcha atrás y escapar a las auras del cielo,
ésa es la empresa, ésa es la fatiga. Unos pocos a los que amó el justo 
Júpiter o su ardiente valor los sacó al éter,
lo lograron hijos de los dioses. En medio los bosques todo lo ocupan
y el cauce del Cocito[3] lo rodea en negra revuelta.
Pero si ansia tan grande anida en tu pecho, si tanto deseo
de surcar dos veces los lagos estigios, de dos veces ver la negrura
del Tártaro y te place emprender una fatiga insana,
escucha primero lo que has de hacer. En un árbol espeso se esconde
la rama de oro en las hojas y en el tallo flexible,
según se dice consagrada a Juno infernal; todo el bosque
la oculta y la encierran las sombras en valles oscuros.
Mas no se permite penetrar en los secretos de la tierra
sino a quien ha cortado primero los retoños del árbol de dorados cabellos.
La hermosa Proserpina determinó que se le llevara
este presente. Cuando se arranca el primero no falta otro
de oro y echa hojas el tallo del mismo metal[4]" 

The Golden Bough. Wenzell Hollar. S. XVII
Al salir de la gruta, Eneas se dirige hacia el bosque donde se encuentra el preciado vegetal. La imagen que se desprende de la descripción es, de nuevo, la de un locus horridus, un bosque muy extenso e impenetrable donde entre tanta maleza y vegetación no se puede distinguir lo que se busca. Para acentuar esta imagen se presenta el bosque como "escondido refugio de las fieras". Con todas estas características el bosque se transforma en otra dura prueba en sí que superar. Para ayudar a solventar su agonía, casi cuando desfallecen sus fuerzas, se introducen dos palomas en la narración. Hay que tener en cuenta que en la mitología clásica las palomas están asociadas a la diosa Afrodita (Grecia) y por consiguiente a Venus en el ámbito romano, por lo que el descenso de estas aves puede asociarse con el poder de esta diosa. El papel que desempeñan en el relato es el de guía pues emprenden el vuelo y marcan el camino hasta el árbol que contiene la preciada rama dorada. El texto describe el momento así:

"Más tarde, cuando llegaron a las fauces del Averno  de pesado olor,
se elevan presurosas y dejándose caer por el líquido aire
se posan en el lugar ansiado sobre un árbol doble
desde donde relució distinta entre las ramas el aura de oro.
Cual suele en los bosques bajo el frío invernal el muérdago
reverdecer con hojas nuevas, al que no alimenta su propia planta,
y rodear el fruto azafranado los troncos redondos,
tal era el aspecto de las hojas de oro en la encina
tupida, así crepitaba la lámina al viento suave.
Se lanza Eneas al punto y ávido la arranca
aunque se resiste y a la cueva la lleva de la vidente Sibila[5]". 

¿Qué simbolismo adquiere la Rama Dorada?

Muchos han sido los que han visto en esta rama aúrea el culto en el bosque sagrado. Frazer en su obra titulada, precisamente, La Rama Dorada nos describe el culto a la Diana nemorensis en el santuario de Nemi: "En Nemi, dentro del santuario, arraigaba cierto árbol del que no se podía romper ninguna rama; tan sólo le era permitido hacerlo, si podía, a un esclavo fugitivo. El éxito de su intento le daba derecho a luchar en singular combate con el sacerdote, y, si le mataba, reinaba en su lugar con el título del Rey del Bosque (Rex Nemorensis)[6]". El autor apunta que los antiguos veían en esta rama de la discordia el ejemplar descrito por Virgilio en la Eneida.

El ejemplar en sí se asocia a la figura del muérdago, planta invasora que crece en los robles, sin embargo en el texto usado el traductor identifica el árbol donde se oculta, como una encina. Angelo de Gubernantis apunta que la encina fue poco a poco menospreciada en la antigüedad clásica al consagrarla a Hécate y a Sileno: "En el roble de Dodona, ya lo hemos dicho, se hacía cantar a las palomas; en la encina, Virgilio, por el contrario, nos hace escuchar los fúnebres gritos del cuervo[7]". Hécate quedó ligada al ámbito de la muerte y de la magia por lo tanto la encina también. No hay que olvidar que nos estamos moviendo en un escenario fúnebre pues, mientras Eneas está arrancando la rama dorada de la encina, sus compañeros están celebrando el funeral de Miseno.

¿Cuál es la función de dicha Rama? Al entrar en el inframundo, este ramo dorado ha de mostrarse a Caronte para que en su barca puedan atravesar la laguna Estigia.

La catábasis o descenso a los infiernos: la puerta del Averno

La Sibila conduce a Eneas al Inframundo. Claudio de Lorena, 1673
Se conoce como catábasis la acción de entrar y regresar (anábasis o resurrección) de los infiernos. Como se ha apuntado en líneas anteriores, el objetivo de descender a los infiernos es la búsqueda de consejo: "Creencia generalizada en la antigüedad, era que los difuntos que habían vivido y sufrido mucho, estaban tan llenos de experiencia que, para recabar sus enseñanzas o una información precisa, era necesario descender a los infiernos y tener con ellos un encuentro personal[8]". Para describir este pasaje, Virgilio usa fuentes griegas antiguas pues en ellas ya encontramos numerosos ejemplos de catábasis cuyo ejemplo más conocido es el descenso de Orfeo.

Cumplidos ya dos requisitos de los tres que le impuso la sibila, únicamente queda ofrecer sacrificios a los dioses infernales: cuatro novillos negros para Hécate, sus entrañas para el "rey estigio", una vaca estéril para Proserpina y una oveja negra a la madre de las Euménides. Esta escena es de suma importancia pues es aquí donde el héroe se quedará a solas con la Sibila para poder atravesar la entrada del infierno. En este paisaje es donde ubicamos la selva fronteriza, descrita con una apariencia terrible. Junto al bosque encontramos la caverna, usada comúnmente como entrada prototípica a los mundos infernales. Y el texto nos dice así:

"Había una profunda caverna imponente por su vasta boca,
riscosa, protegida por un lago negro y las tinieblas de los bosques;
sobre ella ninguna criatura voladora podía impunemente
tender el vuelo con sus alas, tal era el hálito
que de su negra boca dejaba escapar a la bóveda del cielo.
[...]
Y de repente, bajo el umbral del sol primero y del orto
bajo sus plantas comenzó el suelo a mugir y las cimas de los bosques
a agitarse y se escuchó como un aullar de perras por la sombra
según se acercaba la diosa. "¡Lejos, quedaos lejos, profanos!
-exclama la vidente-, ¡alejaos del bosque entero!;
y tú emprende el camino y saca la espada de la vaina:
ahora, Eneas valor precisas y ahora un ánimo firme"
Sólo esto dijo fuera de sí y se metió por la boca del antro;
él con pasos no tímidos alcanza a la guía que se escapa[9]

Eneas y la Sibila en el Inframundo. Jan Brueghel el Viejo, 1600


El motivo de los bosques como parte del paisaje infernal es bastante habitual. No solo aparece en novelas clásicas como la Eneida o la Odisea sino que también lo encontramos en la literatura de visiones medieval. Puesto que su análisis excedería los límites de la entrada de esta semana, dejamos el tema abierto para poder analizarlo en futuras actualizaciones. 


¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!



BIBLIOGRAFÍA

- FRAZER, J.G.: La Rama Dorada. México; Madrid, Buenos Aires: Fondo de cultura económica, 1981.
- GONZÁLEZ SERRANO, P.: "Catábasis y resurrección" en Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, Historia Antigua, t. 12, 1999. pp. 129-179. Disponible online aquí.
- GRAVES, R.: Los Mitos Griegos. Disponible online aquí.
- GUBERNANTIS, A.: Mitología de las plantas: Leyendas del reino vegetal. Botánica especial. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta.
- HUERTA FERNÁNDEZ, E.: Árboles y mitos. Una visión vegetal de la Mitología Clásica. Madrid: Ediciones Clásicas, 2008. 
- VIRGILIO: Eneida; versión de Rafael Fontán Barreiro. Madrid: Alianza editorial, 2005.


NOTAS
 
[1] VIRGILIO: Eneida; versión de Rafael Fontán Barreiro. Madrid: Alianza editorial, 2005. p. 161
[2] "Del hijo y del padre te suplico que te apiades, alma (pues todo lo puedes y no en vano Hécate puso a tu cuidado los bosques del Averno)[...]" Ibidem, p. 164.
[3] El Cocito ("el Sollozante") es uno de los ríos que desembocaban en la laguna Estigia.
[4] Ibidem, p. 165
[5] Ibidem, p. 167
[6] FRAZER, J.G.: La Rama Dorada. México; Madrid, Buenos Aires: Fondo de cultura económica, 1981. p.25
[7] GUBERNANTIS, A.: Mitología de las plantas: Leyendas del reino vegetal. Botánica especial. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta. p.82 
[8] GONZÁLEZ SERRANO, P.: "Catábasis y resurrección" en Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, Historia Antigua, t. 12, 1999. pp. 129-179. p. 131.
[9] VIRGILIO, op.cit. (nota 1) pp. 168-169





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