domingo, 22 de febrero de 2015

LA MANDRÁGORA



Mandrágora de B. Vierling
La planta que hemos elegido para proseguir con nuestro Herbario Mitológico es ni más ni menos que la Mandrágora. Este espécimen no necesita casi presentación pues su asociación con la magia y la brujería hace que sea muy conocido por todos ¿Por qué fue tan importante en la brujería? ¿Cómo se ha empleado en los quehaceres cotidianos? ¿Cuál es su simbología? A continuación vamos a intentar solventar estas y otras preguntas sobre esta curiosa planta…
 
Características físicas


Mandrágora autumnalis
La mandrágora (alraun en alemán) es una herbácea perteneciente a la familia de las solanáceas (solanaceae), a la que también pertenece la patata, el tomate o la belladona. En Europa y Oriente Próximo destacan dos especies de mandrágora: la officinarum y la autumnalis. Su tallo es corto y semienterrado y sus hojas anchas y largas, como apuntaba Dioscórides, al estilo de las hojas de una lechuga o una acelga aunque más rugosas y velludas. Las flores de color blanco violáceo brotan del centro de la planta y los frutos crecen a modo de bayas con colores rojizos o amarillentos, dependiendo de la especie, que desprenden un olor fétido. Sus raíces son, sin duda, las que más han hecho por magnificar la leyenda de la mandrágora pues su estructura  gruesa y bifurcada se asimila en ocasiones a un rostro o a un cuerpo humano. Esta planta suele brotar en suelos húmedos y sombríos o en los bordes de los caminos. Su floración depende de la especie, por ejemplo, la mandrágora autumnalis florece desde septiembre a febrero.


Mandrágora officianarum
Hemos tenido algunas complicaciones a la hora de escribir este apartado pues con bastante frecuencia se suelen mezclar las características de ambas especies, conservando, en ocasiones, la distinción medieval ¿Por qué esta confusión? Vamos a establecer unas pautas según su concepción a lo largo de la Historia:


- Ya en Grecia se conocía este poderoso afrodisíaco, es más, vemos su aparición en la Odisea, donde algunos han querido ver a esta herbácea en la composición del filtro de Circe[1]

Dioscórides, como hemos apuntado más arriba, describió sus hojas como las de una acelga y dividió sus raíces dependiendo de su “género”, siendo las de la hembra blancas y las del macho negras. También se describieron los frutos de fétido olor.


- En la Edad Media, con la información recogida por los autores clásicos, se separó en géneros, quedando la mandrágora officinarum como masculina y la autumnalis como femenina. Esto se debía, simple y llanamente, a su tamaño y sus características. La mandrágora de frutos amarillentos fétidos tan descrita en numerosas fuentes no es más que una mandrágora autumnalis.


¿Cuál ha sido la importancia de la mandrágora en la Historia?


El uso de la mandrágora lo encontramos, desde la Antigüedad, en la medicina. Se empleaba tanto en ungüentos, emplastos o bebidas para calmar el dolor de ojos o cabeza y ayudar a combatir el insomnio. Gracias al efecto que provoca en el sistema nervioso, la mandrágora fue muy famosa como anestésico. Su uso fue muy habitual pero hay que tener en cuenta que el porcentaje usado en estos remedios era muy bajo pues es una planta muy tóxica y su exceso puede provocar la muerte.


Los enamorados en el jardín. Estela real de Tell En-Amanra. Staatliche Museen, Berlín
Desde Egipto nos llegan noticias del uso de esta herbácea para calmar dolores, mezclándola con leche o vino para hacer emplastos. Dioscórides e Hipócrates también apoyaban este remedio, donde se debía hervir la raíz de la planta en vino para superar el insomnio o los dolores de ojos. Teofrasto, en su Historia de las Plantas destacó su potente efecto afrodisíaco. De igual manera convivían en estas descripciones la afirmación se sus propiedades mágicas, asociadas principalmente con la fertilidad. Plinio el viejo incluyó en su descripción que la mandrágora, cuya raíz se asemejara al órgano masculino, que cayese al lado de un hombre le aseguraría el amor de las mujeres. Ya en la Edad Media no podíamos sino recurrir a la figura de uno de los grandes enciclopedistas cristianos, San Isidoro de Sevilla, quien dice lo siguiente de la mandrágora:


La mandrágora se llama así porque posee frutos perfumados, del tamaño de la manzana maciana, que los latinos llaman manzana de la tierra. Los poetas le llaman antropomorfa porque la forma de su raíz se parece a un hombre. Su corteza se mezcla con vino y se da a beber a aquellos a quienes se debe cortar una parte del cuerpo para curarla, para que, durmiendo no sientan dolor[2]”.


Las propiedades de las mandrágoras que hemos usado como ejemplo, la officinarum y la autumnalis, deben ser similares y su uso seguramente se basó en la disponibilidad de la misma.


Simbología de la mandrágora


La mandrágora se asocia, principalmente, a tres ámbitos: la fertilidad, la riqueza y la magia. Al igual que pasaba con el muérdago, en algunos pueblos, como el celta y el germano, se usaba la mandrágora como amuleto para atraer la fertilidad y la riqueza. Este simbolismo seguirá vigente en la Edad Media, tanto es así que encontramos ejemplos en la Biblia, donde la mandrágora se usa como potenciador de la fertilidad (Gn. 30, 14-21 / Cant. 7, 14).


En cuanto a la riqueza, se creía que el buen cuidado de esta planta atraía la prosperidad. Angelo de Gubernatis, en su Mitología de las plantas, recoge un par de historias provenientes del folclore francés donde la mandrágora, también conocida como “mano de gloria”, se ha transformado en un hada: Maglore, aquella que cuida y protege la afrodisíaca herbácea y quien dota a su poseedor de riquezas si este cuida el ejemplar. Y el texto dice así:


En aquel tiempo, dice el anónimo autor, fray Richard, franciscano, hizo quemar varias madagfoires que mucha gente boba guardaba y tenía tan gran fe en esta basura que, de veras, creían firmemente que, mientras la tuvieran, siempre que se hallara entre hermosos paños de seda o de lino envuelta, jamás serían pobres[3]”.






Mandrágora. Incluida en el Tacuinum Sanitatis, 1474
La magia es donde más destaca pues está irremediablemente asociada a la brujería. No solo sus propiedades la hacen ser mágica sino también su extracción. La mandrágora puede extraerse a través de dos procedimientos:


1.  Recogida por Plinio el viejo, esta primera manera de extraer la mandrágora consiste en hacer tres círculos alrededor de la mandrágora con la punta de una espada y, con una cuerda, extraerla mirando hacia Oriente mientras otra persona baila y emite gritos mágicos.

2. Esta segunda manera es quizás la más conocida. Se ata un extremo de cuerda en la mandrágora y el otro a un perro. En el momento en el cual el perro ve comida corre hacia ella y la mandrágora es extraída fulminantemente, provocándole la muerte. Este método tiene algunas variaciones pues a veces el perro es negro y este fallece al oír el grito de la planta. También hemos encontrado versiones donde se atan “los pies y las manos” de la mandrágora.

Bien sea de una manera u otra, nunca el ser humano debe extraerla pues caería muerto al instante.


Linda Maestra. Capricho nº68. Francisco de Goya, 1799
En cuanto a la brujería, como bien hemos dicho en apartados anteriores, la mandrágora contiene atropina por lo que es un potente narcótico que, usado en las proporciones justas, puede provocar alucinaciones. He aquí donde podemos encontrar una pista sobre el famoso vuelo de las brujas pues podía usarse el compuesto tanto por vía oral como tópica, a través de brebajes, pócimas o potingues. La sensación dada por la droga alteraba los estados de conciencia, sumiendo a las víctimas en un letargo alucinógeno.


Las mismas brujas admitían que con la planta arrancada al pie de los cadalsos podían pervertir la razón, transformar a los hombres en bestias, entregar a las mujeres enajenadas y locas; aunque mucho más terrible era el delirio furioso de la manzana espinosa o datura, que hacía bailar hasta morir y sufrir mil vergüenzas[4]”.



Raíz de mandrágora
Hay muchas leyendas, igualmente, sobre los lugares donde crecen. La más extendida nos cuenta que crecen bajo los cadalsos, brotando de la sangre de los cadáveres. También se admite que broten del semen.


La parte mágica de la mandrágora la completa su sola estructura debido a su parecido con el cuerpo humano. En ocasiones se usaba la raíz para practicar la defixión, donde se pretendía provocar dolor a algún enemigo clavando objetos punzantes, ahogando o quemando la raíz de la mandrágora, la cual actuaba como símil del cuerpo de la víctima.



Como veis la importancia de la mandrágora no ha decaído y su simbología sigue siendo bastante conocida pues la seguimos encontrando en películas y libros, como Harry Potter y la Cámara Secreta o El Laberinto del Fauno. Espero que os haya gustado este pequeño recorrido por la historia de una de las plantas más conocidas y famosas de la historia.



¡Os espero entre las hojas!




BIBLIOGRAFÍA

- CHEVALIER, C. (dir.): Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 2007.
- GÓMEZ FERNÁNDEZ, J.R.: Las plantas en la brujería medieval (propiedades y creencias). Madrid: Celeste, 1999.
- GUBERNATIS, A. de: Mitología de las plantas. Leyendas del mundo vegetal. Vol. II.: Botánica especial. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2003.
- GUERRINO, A.A.: “Historia de la Mandrágora” en Historia & Medicina, Fascículo LIV, abril, 1969. Versión digital disponible aquí.
- MICHELET, J.: La bruja. Un estudio de las supersticiones en la Edad Media. Madrid: Akal, 2012.
- PASTOR SECO, M.I./CUESTA PASTOR, J.M.: “Estudio sobre dos plantas homéricas: Mandrágora y Moly” en Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª Antigua, t.15, 2004. pp. 87-94. Versión digital disponible aquí. 
- VALLÉS VARELA, H.: “Historia de los afrodisíacos” en Historia 16, núm. 389, septiembre, 2008. pp. 8-27.





NOTAS
 
[1] Para saber más, consultar el siguiente artículo: PASTOR SECO, M.I./CUESTA PASTOR, J.M.: “Estudio sobre dos plantas homéricas: Mandrágora y Moly” en Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª Antigua, t.15, 2004. pp. 87-94. 
[2] Fragmento extraído de: GUERRINO, A.A.: “Historia de la Mandrágora” en Historia & Medicina, Fascículo LIV, abril, 1969. 
[3] Fragmento extraído de: GUBERNATIS, A. de: Mitología de las plantas. Leyendas del mundo vegetal. Vol. II.: Botánica especial. Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2003. p. 132. 
[4] Fragmento extraído de: GUERRINO, A.A. op.cit. (nota 2).

sábado, 14 de febrero de 2015

EL BOSQUE EN LA LITERATURA CORTÉS (II): EL REFUGIO DE LOS AMANTES


Abstract: This week take a place Carnival and Saint Valentin’s Day. This day the lovers show their love with poems, presents… Our weekly article is about the forest as refuge of love in the medieval cavalry novels. Sometimes, love is sweet and other times become dark and sad. The forest is a refuge where lovers can love and be loved out of standarts of real world. 
Keywords: Forest, love, lovers, Middle Ages, medieval cavalry novels.


Resume: Cette semaine se tient le Carnaval et le jour de Saint Valentin. Ce jour les amoureux montrent son amour à travers des poèmes, des cadeaux… Notre article hebdomadaire traite de la forêt comme refuge de l’amour dans le roman courtois. Parfois, l’image que nous allons montrer n’est pas douce mais obscure et triste. Le bois est le refuge des amoureux où ils peuvent librement s’aimer sans les normes du monde construit (civilisé, réel).
Mots-clés: la Forêt, l’amour,  les amoureux, Moyen Age, le roman courtois.

viernes, 6 de febrero de 2015

EL BOSQUE EN LA LITERATURA CORTÉS (I): LA FORESTA COMO PRUEBA A SUPERAR



Calogreant déclenche la tempête. Manuscrito 1433, Folio 65v, BNF
A lo largo de estos tres meses de andadura hemos ido desentrañando algunas de las facetas y simbolismos asociados a los bosques y hemos remarcado su importancia histórica. La Edad Media nos ha servido en diversas ocasiones para mostrar esta casuística y hoy volvemos a recurrir a ella para explicar qué rol desempeñaba el bosque en las novelas de caballería medievales.

El fin último de la novela cortés es el perfeccionamiento del caballero, tarea que completará superando pruebas de muy diversa índole. Esta literatura se define a través de la aventura y el amor, el cual desata la mayoría de las tramas. A su vez estas historias se conciben como un código social de valores que si se respeta crea finales agradables y si no, castigos o desenlaces trágicos. El roman courtois está constituido por cuatro elementos –amor, poder, libertad y destino- que se entrelazan entre sí en la narración. El tiempo es cíclico y se rige por las actividades litúrgicas. El espacio también sufre cambios pues, como bien apunta Fernando Carmona, se vuelve horizontal: «Lo sorprendente, maravilloso o mágico, no está ya arriba sino que puede surgir al vadear un río, al acercarse a una fuente, en un bosque o en un castillo encantado[1].»

¿De qué se compone el bosque y cómo se representa?

Antes de comenzar a describir el bosque como prueba y espacio de transformación es necesario mostrar cómo se describe y se representa el paisaje tanto en la literatura como en el arte. Como se ha apuntado más arriba, el amor es uno de los motores principales que mueven la historia y en ocasiones el paisaje ayuda a que aparezca y se desarrolle. Es habitual encontrar referencias metafóricas de las estaciones, símil del renacer de la naturaleza, el brotar de las flores y el verdor de las plantas. Hay que tener en cuenta que este género literario alcanza su culmen en los siglos XII y XIII y la concepción de la naturaleza en aquellos años está limitada por un fuerte simbolismo, no será hasta los últimos siglos medievales cuando los elementos naturales pierdan este simbolismo inherente y comiencen a concebirse tal y como son. Como diría Jacques le Goff en su obra La Civilización del Occidente Medieval: «En el arte gótico, las flores son flores reales, los rasgos humanos son trazos individuales, las proporciones corresponden a las medidas reales y no a significaciones simbólicas[2]


Si bien ya explicamos la manera en la que se concibe la Naturaleza en el imaginario, el bosque acoge ambas apariencias. La benévola, como locus amoenus, la acabamos de ver asociada al nacimiento del amor y a los sentimientos. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en los Lais de María de Francia, más concretamente en  Madreselva, donde a través de la metáfora del avellano y la madreselva se nos muestra el amor pasional entre Tristán e Isolda. Los locus amoenus que aparecen en los romans courtois pueden encontrarse tanto fuera como dentro del bosque pero muy pocas veces este será el destinatario de tan idílica imagen pues por norma general será el estereotipo perfecto de locus horridus. Muy pocas veces se encuentran descripciones sobre el bosque que vayan más allá de nombrar su aparición en el texto, por eso el siguiente fragmento extraído de Sir Gawain y el Caballero Verde (s. XIV) nos parece tan especial. Y el texto dice así:

«Esa mañana, cabalgaba alegremente por una montaña hacia un espeso bosque con altos y escarpados cerros a uno y otro lado, y enormes robles centenarios en el fondo, el avellano y el espino se enredaban en intrincada maraña, el musgo tosco y andrajoso colgaba por todas partes, y en las ramas peladas los pájaros cantaban ateridos[3]
Mientras leemos algunas de estas novelas es posible que no desubiquemos, ¿qué quiere decir esto? Pues que la narración centra su atención en el personaje y no en el paisaje por lo que el bosque pasará a un segundo plano en beneficio de una única especie arbórea, una fuente o un río, lo que puede hacernos replantearnos dónde se encuentra el caballero en ese momento. Al igual que ocurre en la narración, en las iluminaciones de los manuscritos del siglo XIII, el bosque se representa con muy pocos árboles dando una imagen más de páramo que de una espesa arboleda. ¿Por qué se representa de esta manera? Como ya hemos apuntado, el paisaje es secundario por lo que interesa más representar las figuras protagonistas. La vegetación no tiene un único patrón representativo. Podemos encontrar árboles cuya copa se representa a modo de palmera; otros cuya copa tiene forma circular y dentro están marcadas las hojas; árboles compuestos por dos grandes hojas, a modo de copa; árboles con copas a manera de abanico; o incluso representados en flor, cuyas ramas caen en cascada, como el caso del Codex Manesse. Los manuscritos de los siglos XIV y XV muestran bosques más detallados, con un tratamiento más delicado del paisaje; el número de árboles aumentará, dando la sensación de masa boscosa más densa. Mientras que en las primeras representaciones, el fondo se decoraba con tonos oscuros, para hacer destacar las figuras principales, en las representaciones de los siglos XIV y XV se aclararán los fondos y se añadirán elementos paisajísticos.
La disposición de los árboles, al igual que pasaba con el color y la forma de las figuras, irá evolucionando hacia un realismo más conseguido. Es muy usual que encontremos la escena de un caballero atravesando la espesura del bosque, el cual se representa a ambos lados del jinete, a modo de cascada. Es importante destacar que, en muchas de estas estampas, el tamaño de los árboles suele ser inferior al de la figura central, esto atiende a la importancia que se le confiera a los modelos representados, cuanto más grande, más importante. El tratamiento de la perspectiva se irá tratando y mejorando, avanzando hacia una igualdad de planos en la que se introduce verdaderamente al personaje en el bosque.

El bosque como prueba: locus horridus

«Cuando los textos literarios medievales franceses hablan del bosque no es nunca para describirlo como lugar hermoso, apacible o silencioso, tal como un amante de la naturaleza tendría tendencia a verlo hoy día; en ellos todo funciona como si belleza natural y bosque estuvieran reñidos[4]

El bosque en la Edad Media es un locus horridus y como tal participa en la aventura caballeresca. Las forestas que aquí se describen se asocian a los grandes y espesos bosques altomedievales pues como ya apuntábamos en una de nuestras entradas anteriores, la deforestación llevada a cabo a partir del siglo XII provocaría la desaparición de masa boscosa en algunas partes de Europa. Su apariencia es oscura, enmarañada, espinosa y terrible.
Perceval en busca del Santo Grial. Ferdinand Leeke, 1912
¿Por qué se elige esta apariencia? Como ya hemos dicho, el fin último de las aventuras del héroe es llegar a un perfeccionamiento pleno, habiendo superado numerosas pruebas que examinaban su honor y su fe. Es habitual que toda aventura caballeresca comience con la entrada en el bosque. El caballero, figura modelo del mundo construido, se interna en un mundo irracional, salvaje, que lo pondrá a prueba de todas las maneras posibles pues el bosque es muy peligroso:
«Lo que voy a contar me sucedió hace ya más de siete años, cuando yo iba en busca de aventura, solo, como anda el labriego, pero armado con todas las armas, como debe estar un caballero. Escogí un camino a la derecha y me adentré en un espeso bosque. Resultaba penoso avanzar por aquella senda, llena de zarzales y malezas traidoras, y sólo con gran esfuerzo pude mantener mi ruta. Fui cabalgando así todo el día, hasta que salí del bosque –que era el de Brocelandia-[5]»

- ¿Qué peligros acechan entre los árboles?
La propia fisionomía del lugar, con caminos oscuros que pueden hacer perderse a cualquiera.
Los monstruos y las fieras que lo habitan. Estas criaturas se interponen en el camino del héroe incrementando así su valía.
El mundo féerico. El bosque es el hogar de numerosas criaturas sobrenaturales y entre ellas están las hadas. Estos seres, en ocasiones no tan angelicales, pueden atrapar a los caballeros en un sueño de falso amor que no los permita escapar del bosque, como bien ocurre en Claris y Laris. Es importante tener en cuenta que a este mundo sobrenatural se suele acceder a través del agua. Los ríos o las fuentes son o bien los hogares o bien los portales del mundo féerico. Esta dimensión sobrenatural aparece en la gran mayoría de los relatos por lo que vamos a dejar que ellos mismos hablen a partir de los textos. En este caso hemos elegido el lai de Lanval:
«Había salido fuera de la ciudad, a solas ha llegado a un prado; baja hacia un río, pero su caballo empieza a estremecerse; le quita las cinchas y se aleja, dejándolo revolcarse en la hierba. Plegó el faldón de su manto bajo su cabeza y se acostó. (…) Mientras estaba echado de esta forma, miró abajo hacia el río, y vio venir a dos doncellas: ¡nuca las había visto tan bellas! Iban vestidas con gran riqueza, ceñidas muy ajustadas en sendos briales de púrpura oscura; ¡muy hermoso era su rostro! (…)
-Señor Lanval, mi doncella, que es tan discreta, hermosa y noble, nos envía a buscaros; ¡venid con nosotras! Os llevaremos a salvo; mirad, está cerca el pabellón[6]
La locura. El caballero puede perder el control de sí mismo y sufrir una transformación que lo empuje a sobrevivir como un salvaje dentro de la espesura, cuyos buenos ejemplos vimos la semana pasada en los relatos de Merlín e Yvain.

Sir Gawain and The Green Knight por John Howe, 1995


El tema de la novela cortés es muy amplio para poder desarrollarlo en una sola entrada por lo que está es la primera de una serie de artículos que iremos desarrollando en próximas actualizaciones.


¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!



BIBLIOGRAFÍA

- ANÓNIMO: Sir Gawain y el Caballero Verde. Introducción de Francisco Torres Oliver; prólogo de Luis Alberto de Cuenca: notas de Jacobo F. – J. Stuart. Madrid: Alianza, 2013.
- BRUÑA CUEVAS, M.: “Apuntes sobre el paisaje y la naturaleza en la literatura medieval francesa” en Cuadernos del CEMYR, nº7: Paisaje y naturaleza en la Edad Media, 1999. pp. 141-165. Podéis consultarlo aquí.
- CARMONA FERNÁNDEZ, F.: La mentalidad literaria medieval. Siglos XII y XIII. Murcia, Universidad de Murcia-Servicio de Publicaciones, 2001.
- CARMONA FERNÁNDEZ, F.: Pervivencias medievales: Chrétien de Troyes, Boccaccio y Cervantes. Murcia, Universidad de Murcia- Servicio de Publicaciones, 2006.
- CHRÉTIEN DE TROYES: Claris et Laris. Recurso en línea 
- CHRÉTIEN DE TROYES: El caballero del león; edición preparada por Marie-José Lemarchand. Madrid, Siruela, 1986.
- MARIA DE FRANCIA: Lais; Introducción, traducción y notas de Carlos Alvar. Madrid, Alianza, 1994.
- ZUMTHOR, P.: La medida del mundo: La representación del espacio en la Edad Media. Madrid, Cátedra, 1994.


NOTAS

[1] CARMONA FERNÁNDEZ, F.: Pervivencias medievales: Chrétien de Troyes, Boccaccio y Cervantes. Murcia, Universidad de Murcia- Servicio de Publicaciones, 2006. p. 26
[2] Fragmento extraído de: LE GOFF, J.: La civilización del occidente medieval. Barcelona, editorial Juventud, 1969. p.478
[3] Fragmento extraído de: Sir Gawain y el Caballero Verde. Introducción de Francisco Torres Oliver; prólogo de Luis Alberto de Cuenca: notas de Jacobo F. – J. Stuart. Madrid: Alianza, 2013. pp. 45-46
[4] Fragmento extraído de: BRUÑA CUEVAS, M.: “Apuntes sobre el paisaje y la naturaleza en la literatura medieval francesa” en Cuadernos del CEMYR, nº7: Paisaje y naturaleza en la Edad Media, 1999. pp. 141-165. p. 155.
[5] CHRÉTIEN DE TROYES: El caballero del león; edición preparada por Marie-José Lemarchand. Madrid, Siruela, 1986. p. 4.
[6] Fragmento extraído de: MARIA DE FRANCIA: Lais; Introducción, traducción y notas de Carlos Alvar. Madrid, Alianza, 1994. pp. 88-89.