domingo, 17 de mayo de 2015

EL BOSQUE EN EL IMAGINARIO ESCANDINAVO



Bosque cercano a Jokkmokk, Suecia. Fotografía de Peter Essick


Tor dijo:
"Dime, oh Alvis -conoces tú bien,
enano, las suertes todas-
cuál como nombre se da en cada mundo
al bosque crecido en la tierra".

Alvis dijo:
"Bosque los hombres, crin del llano los dioses,
algas del monte en el Hel,
el que arde los ogros, bien ramado los elfos,
las varas lo llaman los vanes".


Alvíssmál (Los Dichos de Alvis), Edda Mayor



Si se nos habla sobre el paisaje escandinavo, nuestra mente asocia al mismo el verde del bosque y el azul del mar. Si a este espacio le añadimos el término temporal de “era vikinga”, es sin duda el mar[1] quien se alza como el rey de los paisajes que conforman el hábitat de los hombres del norte, y no sin razón, pues el mar servía como plataforma para iniciar las campañas de saqueo o comercio, además de ser una importante fuente de recursos. A pesar de la importancia del mar en la vida y mentalidad de los pueblos escandinavos, nosotras hoy nos quedamos en tierra para adentrarnos en los profundos bosques escandinavos. 


¿Cómo son los bosques escandinavos? ¿Qué tipos de bosque crecen en Escandinavia? Como es lógico, hay que responder a estas preguntas antes de describir los bosques mitológicos pues las poblaciones trasladan a sus espacios mentales y mitológicos la realidad que conocen. Podemos diferenciar entre dos o tres tipos de bosque distinto según la zona en la que nos encontremos:

- En el sur predomina el bosque caducifolio, el cual necesita de unas temperaturas más templadas para florecer y expandirse. Están compuestos de especies tan conocidas como la encina, el fresno o el serbal.

- Más al norte encontramos los frondosos y oscuros bosques de coníferas. Su apariencia frondosa se la otorga la perennidad de sus árboles, entre los cuales podemos encontrar los abetos.

- Por último encontramos los bosques alpinos de abedules.


¿Qué papeles tenía el bosque en la vida cotidiana de los escandinavos?


1. Rica fuente de recursos: los bosques ocupan una gran parte del norte europeo, por lo tanto la madera es uno de los recursos más preciados, incluso hoy en día. Era el principal material de construcción, pues con ella se construían los hogares, el utillaje y los imponentes barcos que bien se conocen. Además de la madera, el bosque se presenta como una despensa natural, tanto en Escandinavia como en cualquier otro territorio de la Europa medieval. Dentro del bosque se podía recoger miel, frutos del bosque, frutos secos, semillas, plantas medicinales y por supuesto, caza. 


2. Lugar de exilio: en comunidades tan recogidas y pequeñas era muy importante permanecer unidos para así garantizar la supervivencia de los individuos que la componían. Como ocurre en otros lugares, el bosque se presenta como la antítesis del mundo civilizado; es por ello por lo que aquellos individuos que han cometido algún delito grave dentro de la comunidad son expulsados de ella para vivir en los bosques como un animal. El bosque (skògr) para los escandinavos es el hogar del lobo, es por ello que a estas personas se las denominará con este mismo término, “lobo”. El expulsar a una persona de la comunidad implicaba la pérdida de humanidad de la misma, adquiriendo así un carácter animalizado.

«Pagarías entonces la muerte de Helgi,
si tú por los bosques lobo te vieras,
tus bienes quitados, sin gozo alguno,
de sólo carroña que allí te hartarás[2]».


3. Lugar de culto: es bien sabida la adoración de las poblaciones paganas por el medio natural que les rodeaba. Ya Tácito en su Germania recogía la costumbre de los germanos de adorar a sus dioses en lugares al aire libre:


«Piensan que no es decente a la majestad de los dioses tenerlos encerrados entre paredes o darles figura humana. Consagran muchas selvas y bosques, y de los nombres de los dioses llaman aquellos lugares secretos, que miran solamente con veneración[3]»

También Adam de Bremen, cronista del siglo XI, recoge en su relato los sacrificios del templo de Uppsala, contando que a los sacrificados, tanto animales como humanos, se los colgaba boca-abajo de los árboles del bosquecillo sagrado para que así la sangre pudiera impregnar los troncos:


Fotograma de la serie Vikings, de History Channel. Temporada 1, Cap. 8: Sacrifice.
«Y este bosquecillo es de tal manera sagrado a ojos de estos paganos, que tienen por divino cada uno de sus árboles a causa de la muerte o la putrefacción de las víctimas[4]»

Por supuesto, estas prácticas, seguramente mucho más antiguas, no tendrían por qué entrar en contradicción con el culto en lugares cerrados, pues la realización del culto con alternancia en ambos lugares es quizás la mejor de las opciones, hasta que con la llegada del cristianismo la religión se refugiara tras cuatro paredes.


4. Lugar de reunión: era costumbre tratar los asuntos jurídicos, económicos y sociales bajo la sombra de los árboles, lo que se conoce como þing. Régis Boyer apunta la relación entre estas asambleas y los lugares de culto al aire libre ().


Esto en cuanto al bosque real, pero… ¿Cómo son los bosques mitológicos?


La fuente principal para el conocimiento de estas forestas es la literatura. Para explicar los ejemplos que veréis a continuación hemos recurrido a las Eddas, tanto la poética (del siglo XII con relatos de épocas más antiguas) como la prosaica (siglo XII). Como fuente añadida también podemos usar la tradición oral aunque esta hay que usarla con sumo cuidado debido a las posibles transformaciones que haya podido sufrir con el paso del tiempo.


Los bosques mitológicos escandinavos llevan implícito el carácter catastrofista de su religiosidad. Son selvas oscuras, frondosas y profundas, donde habitan las fieras. Como ya se ha mencionado, son la antítesis de las zonas pobladas por lo que su simbolismo no suele ser muy amable. Normalmente este espacio no funciona como una sola unidad sino que se asocia a otros elementos, bien sean naturales, como el río, la niebla, la montaña, o artificiales, como el puente; como bien apunta Patch: «En los documentos germanos la oscuridad, el bosque desolado, el río y el puente aparecen como elementos familiares y en entera armonía[5]».

 A continuación vamos a exponer los tipos de bosques que podemos encontrar en los textos mitológicos vikingos:


1. Hogar de fieras: el bosque que mejor representa esta faceta es, sin duda, el Bosque de Hierro (Járnviðr). Aparece mencionado tanto en la Edda poética como en la prosaica, más concretamente en la Völuspá o Visión de la Adivina. Y el texto dice así:



Al este la vieja, en el Bosque de Hierro,
pariendo estaba hermanos de Fénrir;
uno entre todos un día será
quien en forma de monstruo a la luna devore[6].
Al este del Mídgard vive una ogresa en un bosque que se llama el Bosque de Hierro; en aquel bosque habitan las llamadas brujas del Bosque de Hierro. La vieja ogresa pare allí muchos hijos de gigantes y todos con apariencia de lobo[7].


Giganta alimentando lobos. Ilustración de Lorenz Frølich perteneciente a la Völuspá de Den ældre Eddas Gudesange de Karl Gjellerup,de 1895.

En este oscuro bosque vive Angrboda, junto con los lobos y las brujas. Es un locus horridus prototípico pues su apariencia es oscura y peligrosa.


2. Frontera y espacio de lo féerico: aquí tenemos al más famoso de los bosques mitológicos escandinavos, el Mýrkvid (Myrkviðr). Comúnmente conocido como el bosque oscuro, el Mýrkvid es una frontera movible pues se usa tanto en la geografía mitológica como en la real.

En la mitología, el Mýrkvid es el bosque fronterizo del Múspelheim, el mundo de los gigantes del fuego, el cual tendrán que cruzar en el Rägnarok. 


«Con oro compraste a la hija de Gýmir,
también tu espada la diste;
cuando el Mýrkvid crucen
los hijos del Múspel,
a ver con qué luchas, bellaco[8]».


En la geografía real se suele ubicar el Mýrkvid como frontera para separar las tierras de los godos de las de los hunos, como se nos dice en el siguiente fragmento:

«Por montañas prestos fueron los héroes,
por el Mýrkvid ignoto, en corcel muerde-freno;
de los hunos la tierra tembló
yendo por ella los bravos,
forzaron por verdes llanos
a aquellos que temen la fusta[9]».


También se presenta como hogar de lo mágico, lo féerico, que en la literatura medieval más tardía se relacionará con el mundo de las hadas. En este caso hacemos referencia a El Cantar de Vólund, donde se nos habla de la aparición de “las doncellas que hilan las suertes”. En este contexto podemos asociar estas doncellas a la figura de la valquiria aunque su papel de tejedoras y regidoras de suertes se acerque más a la figura de las nornas. El texto dice así:


«Por el Mýrkvid volando sabias doncellas
vinieron del sur a regir las suertes;
descanso se dieron las mozas sureñas
a orillas del lago; hilaban buen lino. (…)
Siete los años que entonces pasaron
mas luego al octavo añoranza les vino,
al bosque, el oscuro, las sabias doncellas
quisieron tornar a regir las suertes[10]».


Como curiosidad queremos destacar la pervivencia de este bosque en la obra de Tolkien quien, buen conocedor de la mitología nórdica, recuperó Mýrkvid para su libro de El Hobbit. Sin apenas cambiar su denominación aparece nombrado como Mirkwood, el cual se tradujo al castellano como El Bosque Negro. Su apariencia y esencia se mantiene pues se le describe como un bosque tupido, oscuro y enfermo.
Farewell on the edge of Mirkwood, de Alan Lee



3. Refugio: como protagonista de esta faceta tenemos al Bosque de Hoddmímir. El Ragnarök cubrirá los mundos de llamas, pero no será eterno. La regeneración de ciclos es un continuo en la mitología nórdica por lo que el mundo no se mantendrá destruido eternamente sino que volverá a regenerarse; es en este punto donde entra en escena Hoddmímir, el cual servirá como refugio durante “el invierno eterno”.


«Pero en el llamado bosque de Hoddmímir se estuvieron escondiendo una pareja de humanos, que así escaparon a las llamas de Surt; se llaman Lif y Liftrásir, y lo que comían era el rocío de la mañana. Esta pareja tendrá luego tanta descendencia que toda la tierra volverá a poblarse[11]».


El refugio de Lif y Liftrásir aparece como bosque mas no está del todo claro que así sea. La teoría más generalizada identifica el refugio de esta pareja con el Yggdrasil, bien sea el propio árbol en sí o algún lugar potencialmente vinculado a él. 




Como habéis podido comprobar, el bosque es mucho más que un simple escenario en la mitología y mentalidad de los escandinavos, pues las selvas que ellos imaginan están íntimamente ligadas a su realidad cotidiana.



¡OS ESPERO ENTRE LAS HOJAS!




BIBLIOGRAFÍA


- BOYER, R.: La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2000.

- Edda Mayor. Traducción del islandés y edición de Luis Lerate. Madrid: Alianza, 2012.

- PATCH, H.: El otro mundo en la literatura medieval. México; Madrid; Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1983.

- STURLUSSON, S.: Edda Menor. Traducción del islandés y edición de Luis Lerate. Madrid: Alianza, 2012.




NOTAS
[1] Para saber más sobre este tema podéis acudir a: MORA, M.J.: "Un invierno entre los hielos: Los paisajes de la poesía anglosajona" en Cuadernos del CEMYR, nº7: Paisaje y naturaleza en la Edad Media, 1999. pp. 225-242. Podéis consultarlo aquí.

[2] Fragmento extraído de Helgakvida Hundingsbana önor, en Edda Mayor. Traducción del islandés y edición de Luis Lerate. Madrid: Alianza, 2012. p.223.

[3] Fragmento extraído de TÁCITO: Germania, Cap. IX. Versión digital disponible aquí.

[4] Fragmento extraído de: BOYER, R.: La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2000. p. 184.

[5] PATCH, H. R.: El otro mundo en la literatura medieval. México, Madrid, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1983. p. 82.

[6] Fragmento extraído de Völuspá, en Edda Mayor, op.cit. (nota 2) p. 31.

[7] Fragmento extraído de Gylfaginning, en STÚRLUSON, S.: Edda Menor. Traducción del islandés y edición de Luis Lerate. Madrid: Alianza, 2012. p. 42.

[8] Fragmento extraído de Lokasenna, Edda Mayor, op.cit. (nota 2), p. 124.

[9] Fragmento extraído de Atlakviða, en Ibidem, p. 311.

[10] Fragmento extraído de Völundarkviða, Ibidem, p. 186.  

[11] Fragmento extraído de Gylfaginning, en STÚRLUSON, op. cit. (nota 7) p. 96.